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Día del Psiquiatra: sanar la mente, restaurar la esperanza

Una mirada a la labor del psiquiatra, los desafíos del estigma y el llamado cristiano a cuidar el alma y la mente.

Imagen ilustrativa de una sesión psicológica. Fotografía por: Universidad de Montemorelos / Ingrid Gallardo.
Imagen ilustrativa de una sesión psicológica. Fotografía por: Universidad de Montemorelos / Ingrid Gallardo.

Cada 31 de marzo, conmemoramos el Día Nacional del Psiquiatra, una fecha que nos invita a reflexionar sobre la importancia de la salud mental y el papel esencial que desempeñamos quienes nos dedicamos a esta especialidad. Sin embargo, a pesar de los avances científicos y a la creciente conciencia sobre la relevancia del bienestar psicológico, la psiquiatría sigue rodeada de mitos y prejuicios que dificultan el acceso oportuno a la atención que muchas personas necesitan.

Desde que inicié mi camino en la psiquiatría, he sido testigo de innumerables historias de transformación. He visto a pacientes llegar a la consulta con los ojos apagados, con la mirada perdida en un mar de tristeza, sintiéndose prisioneros de su propio sufrimiento. He escuchado sus silencios cargados de angustia, he sentido la desesperanza en sus palabras entrecortadas. Pero también he sido testigo del milagro de la recuperación. Porque, en muchos casos, la recuperación no es solo una mejoría, sino una verdadera oportunidad de volver a vivir con plenitud.

En cada control, veo rostros que antes reflejaban miedo y ahora muestran serenidad; personas que alguna vez se sintieron sin propósito, ahora recuperan sus sueños. No hay mayor satisfacción que ver a alguien volver a sonreír después de haber sentido que su vida había perdido sentido. Es un privilegio indescriptible presenciar cómo la esperanza regresa a un corazón que creía haberla perdido para siempre.

Aun así, muchos siguen considerando que acudir al psiquiatra es sinónimo de debilidad o locura. Algunos temen el juicio de su entorno, otros evitan la consulta por temor a la medicación o a ser etiquetados. Pero ¿cuánto sufrimiento se podría evitar si cambiáramos esta visión? ¿Cuántas vidas podrían salvarse si abrazamos la salud mental con la misma naturalidad con la que buscamos ayuda para cualquier otra dolencia?

Como médicos y como cristianos, estamos llamados a combatir estos estigmas con amor, educación y empatía. La Biblia nos recuerda en 3 Juan 1:2: “Amado, ruego que seas prosperado en todo, así como prospera tu alma, y que tengas salud”. Esto nos muestra que el bienestar espiritual y mental son parte del plan de Dios para nuestras vidas. No estamos hechos para vivir en la oscuridad del sufrimiento emocional, sino para caminar en la luz de la sanación y la plenitud.

Imagen ilustrativa de una clase de entrenamiento para futuros psicólogos y psiquiatras. En la fotografía la Dra, Lizzette Hernández, docente de la Facultad de Psicología, enseñando a sus alumnos. Fotografía por: Universidad de Montemorelos / Ingrid Gallardo.
Imagen ilustrativa de una clase de entrenamiento para futuros psicólogos y psiquiatras. En la fotografía la Dra, Lizzette Hernández, docente de la Facultad de Psicología, enseñando a sus alumnos. Fotografía por: Universidad de Montemorelos / Ingrid Gallardo.

La psiquiatría no solo trata enfermedades; también restaura relaciones, devuelve la funcionalidad y ayuda a las personas a vivir con plenitud. Es una especialidad que abraza la ciencia sin olvidar la humanidad, que busca el equilibrio entre la mente, el cuerpo y el espíritu. Acompañamos a nuestros pacientes en sus momentos más vulnerables, ofreciéndoles herramientas para reconstruir sus vidas. Vemos cómo una persona que antes no podía levantarse de la cama, vuelve a encontrar fuerzas para abrazar a sus seres queridos. Cómo alguien que creía que nunca volvería a disfrutar de un amanecer, de repente descubre la belleza en las pequeñas cosas de la vida.

Por ello, es fundamental que sigamos promoviendo una cultura de aceptación, en la que buscar ayuda psicológica o psiquiátrica sea visto como un acto de valentía y responsabilidad, no como una debilidad. Que cuando alguien nos diga “no me siento bien”, en lugar de juzgar, estemos dispuestos a escuchar y acompañar.

En este Día Nacional del Psiquiatra, invito a todos a reflexionar sobre la importancia de la salud mental y a ser agentes de cambio en la lucha contra la estigmatización. Seamos voz para quienes aún tienen miedo de hablar, seamos consuelo para quienes creen que no hay salida, seamos luz en el camino de quienes todavía buscan esperanza.

Como profesionales de la salud, como cristianos y como seres humanos, nuestra misión es brindar esperanza y ayudar para sanar y restaurar.

Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.

Lizzette Hernández

Autor
Médica Psiquiatra en el Hospital La Carlota, y docente en la Facultad de Psicología de la Universidad de Montemorelos.
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