Del vicio al servicio
Luego de muchos años en las drogas y el alcohol, Ismael regresó a Dios con determinación.
Ismael tenía 23 años cuando despertó un día con un fuerte dolor en el pecho, ansiedad y mucho malestar, producto de haber mezclado alcohol, drogas y bebidas energéticas. No era la primera vez, ya había tocado fondo hacía mucho tiempo, pero en esta ocasión, en un momento de lucidez llegó a su mente un fuerte recuerdo del Dios de su niñez, de quien se había apartado hacía tanto tiempo. Ese fue el punto de quiebre para su vida.
Ismael Molina creció en el pequeño pueblo de Juan Díaz Covarrubias, en el estado de Veracruz, México. Nació en una familia católica, pero gracias a una tía adventista que llegó a vivir con ellos, comenzó a conocer a Jesús y del adventismo desde una edad temprana.
A los 8 años, tomó la valiente decisión de bautizarse, marcando el inicio de su compromiso con Dios. Sin embargo, cuando llegó la adolescencia, su tía tuvo que marcharse, y la ausencia de quien era su guía espiritual lo afectó. Comenzó a rebelarse, a consumir alcohol descontroladamente, a fumar y participar en actividades problemáticas.
Desde los 12 años la vida de Ismael se deslizó hacia la adicción a las drogas y actividades delictivas. Se fue de su casa tan pronto se graduó de la preparatoria para poder vivir una vida desenfrenada. Llegó a un punto en el que se sintió atrapado en un ciclo destructivo del que no lograba salir por las decisiones que tomaba.
Seis años después de haber salido de su casa, cansado de la vida que llevaba y de alguna manera buscando apoyo, Ismael regresó. Una vez en casa, muchas cosas ayudaron para que él decidiera regresar a la iglesia y reencontrarse con Dios.
Pero las luchas no habían terminado. Después de un breve respiro, Ismael volvió a caer en su antiguo estilo de vida, hasta que un día los excesos lo llevaron al punto en que su vida se vio en peligro. Durante este tiempo Dios había usado a dos amigos de Ismael para mantener el contacto y mantener en su mente el recuerdo de que Dios lo seguía buscando a pesar de todo, y un día surgió el efecto. Con su cuerpo debilitado por el abuso de sustancias, en un momento de lucidez cayó de rodillas y finalmente se rindió ante la gracia de Dios y se comprometió a cambiar su vida y dedicar sus talentos a Él.
Y así fue. A partir de ese día, Ismael se comprometió y sirvió en diferentes departamentos en su iglesia.
Pasado el tiempo, la salud de su madre se deterioró grave y rápidamente hasta que falleció, no sin antes aceptar a Jesús como su salvador. Este evento marcó fuertemente la vida de Ismael, al punto que decidió estudiar Teología, sintiendo que Dios lo llamaba a servir de una manera más profunda.
Hoy, Ismael es un estudiante de Teología en la Universidad de Montemorelos, y a pesar de los desafíos que ha enfrentado en su vida, sigue sirviendo a Dios con pasión y determinación, y está convencido de que…“cuando sacamos a Dios de la fórmula de nuestra vida caemos en terreno de satanás, pero cuando dejamos que Dios dirija cada día nuestras vidas, Él hace grandes cambios para nuestro bien”.
Fuente: Ismael Molina, Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






