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¡Déjate guiar por Dios!

Seamos como Pedro y Juan, que estaban firmes en su propósito y demostraron que querían obedecer a Dios antes que a los hombres.

Foto: Pulso Estudiantil
Foto: Pulso Estudiantil

De un momento a otro, un acto de bondad, sumado al poder de Dios, se convirtió en todo un revuelo en el templo. El evento relatado en Hechos 4:1–22 en el que Pedro y Juan fueron llevados ante el concilio, por haber sanado a un hombre en el nombre de Jesucristo, fue de tal magnitud que los líderes judíos tuvieron que sostener una reunión improvisada para lidiar con lo que Pedro y Juan acababan de hacer. Pero, ¿por qué se convirtió en un problema para los líderes judíos el sanar a un hombre cojo?

Es muy interesante ver el choque de dos agendas que básicamente tenían el mismo fin. Por un lado, la agenda del sanedrín era guiar al pueblo judío en su vida espiritual. Por medio de ritos y tradiciones, los líderes judíos pretendían guiar al pueblo al arrepentimiento y reconocer que la salvación provenía de Dios. Por otro lado, Pedro y Juan, discípulos de Jesús, también ejecutaban la agenda que Cristo les había dado, con el fin de que el pueblo se arrepintiera y obtuviera salvación por medio de Cristo Jesús. ¡Era lo mismo! ¡Tenían el mismo fin! La diferencia radicaba en el sometimiento a la voluntad de Dios y querer ser instruidos (dejando el ego por un lado) en el evangelio de Emanuel, Dios con nosotros.

Es verdaderamente impactante la manera de conducirse de estos discípulos de Cristo. La autoridad que representaban no era normal, su manera de hablar revelaba una alta educación, una educación que los maestros judíos no reconocían, pero era evidente a todos los presentes. Los líderes judíos no podían negar la autoridad de estos humildes pescadores y podían reconocer que eran hombres que caminaron con Jesús, aprendieron de Él y ahora testificaban de Él.

Aún con la autoridad que reflejaban estos discípulos y las evidencias de que poseían el poder del Espíritu Santo, no enfrentaban a los líderes de una manera irrespetuosa y confrontativa, no los ridiculizaban ni se burlaban de ellos, más bien todo lo contrario. Cuando les pidieron que comparecieran ante el sumo sacerdote, lo hicieron; cuando les pidieron que salieran para que ellos pudieran deliberar, lo hicieron; y cuando fueron llamados de vuelta, vinieron. No quitaron el dedo del renglón, Pedro y Juan estaban firmes en su propósito y convicciones, no dudaron en declarar que ellos tenían la prioridad de obedecer a Dios antes que a cualquier autoridad humana, pero todo esto quedó evidente sin violencia ni altanería. ¡Gran lección para nosotros!

Dios nos permita, en cada uno de nuestros deberes diarios, poder evidenciar nuestra relación con Él. Que nuestra conducta refleje que tenemos a Cristo en nuestro corazón, y que, dejando nuestro ego a un lado, nos dejemos instruir por el Maestro de maestros. Que podamos ser cristianos fundamentados en la piedra angular que es Jesús y que nuestras acciones evidencien que nos dejamos moldear por Cristo nuestro Salvador.

¿Qué propósito es más grande en esta Tierra que ser llamados hijos de Dios?

  Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.      

Oscar Castillo

Autor
Director de coros, maestro en la Escuela de Música y desarrollador de negocios en ProMusic de la Universidad de Montemorelos.
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