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De la Universidad de Montemorelos a Egipto para descubrir su vocación misionera

Rubén Díaz se preparó en Montemorelos y Belice antes de enseñar Biblia e inglés en Egipto, una experiencia que confirmó su llamado al servicio misionero. Parte 2.

Rubén (primero a la izquierda) junto a algunos de sus estudiantes de la Nile Union Academy con quienes compartió diferentes clases centradas en la Biblia, además de momentos de conviviencia. Fotografía cortesía de Rubén Díaz.
Rubén (primero a la izquierda) junto a algunos de sus estudiantes de la Nile Union Academy con quienes compartió diferentes clases centradas en la Biblia, además de momentos de conviviencia. Fotografía cortesía de Rubén Díaz.

El viaje que llevaría a Rubén Díaz hasta Egipto estuvo a punto de terminar antes de comenzar. En el aeropuerto de Austin, Texas, un inconveniente con su documentación migratoria le impidió abordar el avión. Había invertido cerca de 30 mil pesos en el boleto de ida y, al perder el vuelo, se quedó sin recursos para continuar.

Solo, lejos de casa y sin saber si todavía podría llegar al campo misionero, se trasladó a McAllen, donde un amigo pastor le brindó hospedaje. Mientras esperaba una respuesta de la aerolínea, volvió a una actividad que ya había transformado su vida universitaria: el colportaje.

Durante aproximadamente dos semanas recorrió el Valle de Texas para reunir dinero. Sin embargo, los días pasaban y la posibilidad de viajar parecía alejarse.

“Cuando ya estaba a punto de darme por vencido, le dije a Dios: ‘Señor, si tú quieres que yo vaya, necesito que proveas los medios; y, si no, significa que tienes otro lugar mejor para mí’”, recuerda.

Rubén decidió esperar hasta el domingo antes de abandonar el proyecto. Pero el sábado, mientras se preparaba para comer con el pastor que lo hospedaba, recibió una noticia inesperada. Una mujer que había conocido su historia estaba dispuesta a cubrir tanto el vuelo de ida como el de regreso.

“Ese fue el primer milagro y la respuesta de Dios. Yo solamente tenía el vuelo de ida, pero Dios proveyó también el regreso”.

Aquel momento le permitió retomar un viaje que, en realidad, había comenzado varios años antes, cuando decidió dejar sus planes de estudiar Ciencias Políticas en Estados Unidos e ingresar a la carrera de Teología en la Universidad de Montemorelos (UM).

Una convicción nacida en el aula

Como se relató en la primera parte de su historia, el colportaje permitió a Rubén financiar sus estudios y vencer la timidez, además de acercarlo a personas interesadas en conocer la Biblia. En la Facultad de Teología, las clases y las actividades de servicio ampliaron esa experiencia y lo llevaron a considerar la misión en otros países.

Rubén junto a los integrantes de Nile Pioneers, el primer Club de Conquistadores establecido en Egipto, donde se desempeñó como director. Fotografía cortesía de Rubén Díaz.
Rubén junto a los integrantes de Nile Pioneers, el primer Club de Conquistadores establecido en Egipto, donde se desempeñó como director. Fotografía cortesía de Rubén Díaz.

Una clase de Misión Mundial le permitió conocer con mayor profundidad los desafíos que enfrenta la Iglesia Adventista en diferentes regiones. Como parte del curso leyó Pasaporte para la misión. En las páginas finales encontró una serie de frases y pasajes bíblicos relacionados con el servicio misionero.

“Recuerdo que, mientras leía esas últimas páginas, surgió en mí una convicción: -Tengo que ir al campo misionero-”.

Durante el tercer año de la carrera, Rubén viajó a Belice para participar durante tres meses en el programa de preparación de MOVE Belice. Allí recibió formación para adaptarse a culturas diferentes, impartir estudios bíblicos y utilizar conocimientos prácticos como un puente para relacionarse con las comunidades.

El entrenamiento incluyó clases de misión mundial, mecánica y otras habilidades, además de actividades que pusieron a prueba la capacidad de organización de los participantes. En una de ellas, los jóvenes tuvieron que orientarse con un mapa, distribuir responsabilidades y construir un refugio con los recursos disponibles para pasar un fin de semana en la selva.

Los estudiantes también planearon y dirigieron un proyecto misionero de diez días en una comunidad de Belice. Para Rubén, asumir responsabilidades y trabajar con un equipo representó una preparación práctica antes de elegir su siguiente destino.

Al finalizar el programa recibió una lista de proyectos en distintos países. Su elección fue Egipto.

Enseñar y aprender en otra cultura

Después de superar el contratiempo del viaje, Rubén llegó a Nile Union Academy, una escuela de nivel medio superior con internado, ubicada en las afueras de El Cairo. Viajaba solo, no conocía a quienes lo recibirían y se enfrentaba por primera vez a una cultura muy distinta de la suya.

“Tenía muchas preguntas en mi cabeza: ¿cómo será allá?, ¿cómo serán las personas? Iba con mucha expectativa”.

Las condiciones de la comunidad cercana y las diferencias culturales le mostraron una realidad distinta de la que conocía. Sin embargo, encontró una comunidad local amable y el acompañamiento de otros misioneros latinoamericanos.

“La gente era muy alegre, amigable y cariñosa. Me hicieron sentir muy querido”.

Rubén junto a estudiantes de la Nile Union Academy, con quienes se reunía diariamente a las 12:55 p. m. para compartir un momento de oración. Fotografía cortesía de Rubén Díaz.
Rubén junto a estudiantes de la Nile Union Academy, con quienes se reunía diariamente a las 12:55 p. m. para compartir un momento de oración. Fotografía cortesía de Rubén Díaz.

Su encomienda principal consistió en impartir clases de Biblia —entre ellas, contenidos relacionados con el libro de Apocalipsis—, enseñar inglés mediante relatos y pasajes bíblicos y dirigir un Club de Conquistadores. Más adelante también colaboró como preceptor asistente en los dormitorios de la institución.

Estas responsabilidades le permitieron trabajar diariamente con los alumnos y confirmar el área del ministerio que más disfruta.

“Me di cuenta que enseñar la Biblia y dar estudios bíblicos es lo que más me gusta. Allí confirmé ese lado de mi vocación”.

La experiencia también le permitió comprender las barreras lingüísticas, culturales y religiosas que enfrenta la misión cristiana en algunas regiones. Egipto forma parte de la llamada Ventana 10/40, una extensa zona que comprende el norte de África, Oriente Medio y parte de Asia, donde la presencia cristiana es limitada en numerosas comunidades.

Para Rubén, servir en ese contexto significó aprender que compartir la fe requiere sensibilidad cultural, paciencia y disposición para establecer relaciones genuinas con las personas.

“El campo misionero me hizo ver que nuestra iglesia es más grande de lo que yo pensaba y que tiene muchos más desafíos de los que imaginaba”.

“También comprendí que hay que orar mucho por esos lugares y que hay que estar dispuestos a ir”.

Regresar con una visión más amplia

La experiencia no estuvo libre de dificultades. La distancia, la adaptación y los momentos de soledad le enseñaron que la preparación misionera no solo debe ser académica y espiritual, sino también emocional.

“Al principio uno siente que es autosuficiente y quiere demostrar que puede con todo, pero aprendí que tenemos que ser vulnerables en algunas ocasiones. No somos superhéroes”.

Rubén realizó diversas actividades como parte de su preparación misionera en MOVE. Fotografía cortesía de Rubén Díaz.
Rubén realizó diversas actividades como parte de su preparación misionera en MOVE. Fotografía cortesía de Rubén Díaz.

Por esa razón, considera indispensable que quienes viajan como misioneros mantengan una red de apoyo integrada por familiares, amigos y personas que puedan acompañarlos mediante la oración y la comunicación constante.

Ahora, de regreso en la Universidad de Montemorelos para cursar su último año de Teología, Rubén observa de otra manera la decisión que tomó al inicio de su vida universitaria. Elegir la UM no solo modificó sus planes académicos; lo llevó a descubrir el colportaje, desarrollar habilidades de liderazgo, prepararse en Belice y servir en Egipto.

“Después de todas esas experiencias llegué a la conclusión de que en cualquier lugar habrá una necesidad, ya sea en México, Estados Unidos, Belice o Egipto”.

Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.        

Laura Marrero

Autor
Coordinadora de Periodismo Institucional en la Universidad de Montemorelos.
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