De detrás de cámara al campo misionero en Centroamérica
David Guichard, egresado de la Universidad de Montemorelos, transforma su vocación al servir en comunidades con poca presencia adventista.
Durante años, David tuvo claro que su lugar estaba detrás de una cámara.
Ahí se sentía cómodo, observando, documentando y capturando cómo otros hablaban de Dios. Su rol era contar historias, pero sin ser parte visible de ellas. Pero lo que nunca imaginó es que un día, en medio de una comunidad lejana en Centroamérica, esa dinámica cambiaría por completo.
David, egresado de la Licenciatura en Comunicación y Medios de la Universidad de Montemorelos, llegó al campo misionero después de un proceso gradual. El deseo de servir siempre estuvo presente, especialmente desde sus años universitarios, aunque durante mucho tiempo lo fue posponiendo por distintas razones.

Formados para servir, donde Dios los necesita | Conéctate UM
Un matrimonio egresado de la UM que vive su vocación misionera en Angola.
Primero fue estudiar su carrera sin pausas. Luego, el trabajo. Después, los proyectos, entre ellos, el ministerio audiovisual Asno Parlante, que desarrolló junto a su hermano gemelo. Ahí también servía a Dios, sí… pero desde su zona de confort que es la producción, la cámara, el detrás de escena.
Hasta que en 2025, durante la sesión de la Conferencia General de la Iglesia Adventista en Estados Unidos, algo cambió.
Entre muchos stands y conversaciones, uno en particular captó su atención: Alas de Vida.
Fue una inquietud que permaneció con el tiempo. Al regresar a México, David hizo una oración sencilla y decisiva. “Le dije a Dios que iría al primer ministerio que me contactara y tuviera todo listo para recibirme”.
No tuvo que esperar mucho. Ese mensaje llegó. Todo estaba preparado, y esta vez, David decidió no posponer más el llamado.
Hoy, David sirve en Costa Rica, en una zona cercana a Siquirres, donde el ministerio Alas de Vida trabaja en comunidades con poca o nula presencia adventista. Su entorno está lejos de lo convencional. Montañas, caminos limitados, comunidades a las que en ocasiones solo se puede acceder en bote, e incluso zonas indígenas donde no siempre se habla español.
En ese contexto, su labor consiste en documentar, comunicar y dar visibilidad al impacto del ministerio. Como director de Comunicación y Media, produce contenido audiovisual, gestiona redes sociales y desarrolla estrategias para compartir historias que abran puertas al evangelio.
Pero ahí, en el campo misionero Dios tenía más planes para él, porque el mayor desafío no ha sido técnico ni cultural, sino personal.

Egresado UM comunica esperanza desde Líbano | Conéctate UM
Javier Guichard, egresado de Comunicación y Medios, trabaja en Beirut, donde usa la fotografía y el video para servir en un contexto multicultural y desafiante.
“Yo estaba acostumbrado a escuchar… no a hablar”. Pero en el campo misionero, esa dinámica cambió. En más de una ocasión tuvo que responder preguntas complejas, participar en conversaciones espirituales o aconsejar a personas en momentos importantes, como antes de un bautismo. Situaciones que, como él mismo describe, lo tomaron por sorpresa y lo obligaron a salir de su zona de confort.
Y así, poco a poco, el camarógrafo tuvo que convertirse en voz. No por elección. Por necesidad, y también por crecimiento. Y ese cambio lo ha llevado a desarrollar una vida espiritual más personal y consciente. “Me ha acercado más a Dios”, reconoce, al entender que su papel en la misión no es únicamente técnico, sino también espiritual. Hoy, su trabajo no solo consiste en capturar lo que sucede, sino en ser parte activa de lo que Dios está haciendo.
En ese camino, su lente ha captado momentos que no se le olvidan. Ha estado en comunidades donde la fe empieza en casas o espacios sencillos, y donde poco a poco la vida de las personas va cambiando. Recuerda, por ejemplo, a un niño que decidió dejar de comer cerdo después de aprender un canto sobre la historia de Daniel. Para David, son esos detalles los que realmente importan, porque muestran cambios que se viven en lo cotidiano y que terminan transformando la vida.
Su labor también lo ha llevado a otros contextos, como Nicaragua, donde ha enfrentado retos distintos, especialmente por las limitaciones políticas en el uso de equipo audiovisual. Aun así, el enfoque del ministerio se mantiene en servir, conectar con las comunidades y preparar el camino para el establecimiento de iglesias, a través de actividades como estudios bíblicos, ferias de salud y programas comunitarios.
Curiosamente, en medio de todo esto, David ha encontrado valor en habilidades que durante su formación no imaginaba que usaría de esta manera. El periodismo, por ejemplo, hoy es parte esencial de su trabajo. Entrevistar, documentar y narrar historias en tiempo real se ha vuelto clave en su día a día. Comprendió que, en el campo misionero, muchas oportunidades ocurren una sola vez, y estar preparado para captarlas marca la diferencia.
Para él, su paso por la Universidad de Montemorelos fue determinante, no solo por la preparación técnica, sino por la formación en el espíritu misionero. Esa idea que comenzó como una semilla durante su etapa universitaria fue la que, con el tiempo, le permitió reconocer el llamado y tomar la decisión cuando llegó el momento.
Después de casi cinco meses en el campo, David está convencido de que servir cambia la manera de ver la vida. “Cuando sirves, lo demás pasa a segundo plano”. Cuando el enfoque deja de estar en lo personal o en lo laboral, y se centra en impactar a otros, las prioridades se transforman. Por eso, al pensar en los estudiantes que hoy están en las aulas y sienten el deseo de ser misioneros algún día, su consejo es ponerlo en oración, pero que también se atrevan a dar el paso.
Porque, como él mismo lo resume, no hay una forma más profunda de aprender que sirviendo. Y “lo que sí puede generar arrepentimiento en el futuro es no haberlo intentado”.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






