COVID-19 y movilidad social en México: ¿quiénes fueron más vulnerables?
Investigadores de la UM analizan datos abiertos para entender cómo la desigualdad socioeconómica influyó en el impacto de la pandemia.
Durante la pandemia de COVID-19, el mundo enfrentó no solo una crisis sanitaria, sino también una sobrecarga de información. Según la Organización Mundial de la Salud, la llamada infodemia dificultó la toma de decisiones informadas tanto para la población como para los gobiernos, al mezclar datos científicos con rumores y desinformación. En medio de este contexto, la generación y análisis de datos confiables se volvieron tareas esenciales.
Con ese propósito, el Dr. Emerald Francis, docente de la Maestría en Salud Pública de la Universidad de Montemorelos; el Dr. José L. Jiménez, coordinador del posgrado; y el Mtro. Jorge Hilt, profesor en la Facultad de Educación, llevaron a cabo una investigación sobre el impacto del COVID-19 en diversas regiones de México, tomando como eje principal la movilidad social. Este concepto alude a la capacidad de una persona para mejorar su posición económica y social en comparación con la de sus padres.
Presentado en el Congreso de Investigación en Salud Pública (CONGISP), uno de los foros académicos más relevantes de América Latina en esta materia, el estudio utilizó herramientas estadísticas avanzadas con datos abiertos y software especializado (R) para representar visualmente la evolución del virus en diversas zonas del país. La hipótesis inicial planteaba que las regiones con menor movilidad social — es decir, con menos oportunidades de mejora socioeconómica — habrían sufrido un impacto desproporcionado durante la pandemia.
“Queríamos aportar claridad en medio de tanta información fragmentada”, explicó el Dr. Francis, quien inició este proyecto mientras cursaba su maestría en Salud Pública (2021). Aunque los hallazgos no mostraron diferencias marcadas entre regiones con distintos niveles de movilidad social, Francis subrayó que esto no implica que la experiencia de la pandemia haya sido igual para todos. “Más bien, sugiere que hay otros factores sociales que también deben analizarse, como el acceso a servicios de salud, vivienda digna o empleo seguro”, indicó, convencido de que el enfoque del estudio fue innovador al aplicar un lente socioeconómico a un fenómeno predominantemente epidemiológico.
Desde el análisis de los datos, el Dr. José L. Jiménez destacó que los patrones de morbilidad y mortalidad evidenciaron cómo las desigualdades estructurales limitan la capacidad de las personas para prevenir, enfrentar y recuperarse de una crisis sanitaria. “La movilidad social no es solo un concepto económico, es un determinante clave en el acceso a oportunidades de vida digna, entre ellas, la atención en salud”, subrayó.
Para quienes diseñan políticas públicas, Jiménez propone un enfoque integral que no se limite a la atención médica, sino que también mejore los determinantes sociales de la salud. Esto implica fortalecer los servicios de salud en las regiones más vulnerables, implementar programas de desarrollo económico y diseñar estrategias diferenciadas de prevención y control de enfermedades.
La presentación del estudio, que tuvo lugar en Cuernavaca Morelos, del generó notable interés. Se propuso replicar el análisis en otras poblaciones y se discutió la necesidad de fomentar colaboraciones interdisciplinarias entre instituciones para seguir explorando la dimensión social de las crisis sanitarias. “Negar el vínculo entre salud y movilidad social es como tratar de curar una enfermedad sin conocer sus causas”, afirmó Francis. Para él, entender esta conexión es clave para construir una sociedad más justa, donde el acceso a salud, educación y oportunidades no dependa del contexto socioeconómico de origen.
El equipo coincide en que garantizar la equidad en el acceso a recursos de salud durante emergencias — como vacunas, pruebas diagnósticas y tratamientos — es una de las lecciones clave que deja esta investigación. También hacen un llamado a promover el uso de datos abiertos, fomentar estudios que combinen salud con temas sociales y fortalecer sistemas de información que permitan detectar desigualdades antes de que se conviertan en crisis.
Los investigadores proyectan publicar los resultados en revistas científicas y desarrollar estrategias para comunicar los hallazgos a públicos no especializados. La pandemia dejó lecciones duras, pero también oportunidades para hacer las cosas mejor. En ese sentido, aseguran que comprender cómo interactúan la salud y la desigualdad es un primer paso; el siguiente, como deja claro esta investigación, es actuar con justicia, evidencia y sensibilidad social.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






