Congregarse en la iglesia es un principio de Dios
¿Cuánto valor le damos a la presencia de Dios? La construcción del templo de Salomón nos recuerda que adorar juntos expresa nuestra relación con Dios.
Desde pequeño he escuchado muchas discusiones acerca de la importancia de congregarnos en el templo —la iglesia— para adorar a Dios. Aunque las opiniones pueden ser diversas, generalmente se defienden dos extremos:
1. Si no vamos al templo no podemos adorar a Dios, ya que Dios está en el templo.
2. Dios está en todos lados, por lo tanto se puede adorar en cualquier lugar y no se necesita ir al templo.
En el relato bíblico de 1 Reyes 5, Salomón comienza la construcción del templo. David, su padre, había deseado edificar una casa para Dios; sin embargo, debido a las guerras que había librado y a la sangre que había derramado, el Señor determinó que fuera su hijo Salomón quien realizara esa obra.
Salomón asumió la tarea con diligencia porque sabía que se trataba de un encargo muy especial. Comprendía lo que Dios significaba para él y para su pueblo; por eso, la casa dedicada al Señor debía construirse de la mejor manera. Para lograrlo, buscó la ayuda de personas expertas y se aseguró de que la obra estuviera bien hecha.
En nuestros días, asistir al templo para adorar a Dios se ha convertido, muchas veces, en un asunto de conveniencia. Algunas de las razones que se expresan para no congregarse son: “Es aburrido”, “Necesito descansar después de la semana”, “La gente es hipócrita” o “El culto es demasiado largo”. Sin embargo, en ocasiones estas razones se disfrazan con argumentos como: “Yo adoro en mi casa”, “Dios está en todas partes” o “Prefiero ir a la naturaleza porque es creación de Dios”.
No nos confundamos. Es verdad que Dios está en todas partes y que podemos buscarlo en cualquier lugar. Pero también estableció un espacio para que su pueblo se reuniera, lo adorara y fortaleciera su vida espiritual en comunidad. Nuestro deseo de acudir a la casa de Dios refleja la importancia que tiene nuestra relación con Él.
Vayamos, entonces, a encontrarnos con nuestro Dios y con su pueblo mientras tengamos la libertad y la oportunidad de hacerlo.
“Yo, por tanto, he determinado ahora edificar una casa al nombre de Jehová, mi Dios, según lo que Jehová dijo a mi padre David: Tu hijo, a quien yo pondré en el trono en lugar tuyo, él edificará una casa a mi nombre.” (1 Reyes 5:5)






