El poder de adoptar una misión
Así como los discípulos de Jesús, nosotros también podemos pasar por el proceso de adoptar nuestro propósito de vida al meditar en la Biblia.
Si analizamos el relato de los discípulos en Hechos 5:17–42, podríamos decir que el compromiso que ellos tenían con la misión que Cristo les había dado era muy fuerte. Pero, ¿en qué radicaba ese compromiso? Yo creo que en estas tres cosas:
1. Entendían la misión: Sabemos que, en términos administrativos, la misión es el “deber ser” de cualquier organización, el propósito. Entender un propósito da el justificativo para comprometerse con él.
2. Vivieron la misión: De primera mano, tuvieron la oportunidad de experimentar esta misión. Por poco más de tres años, pudieron ver a Cristo en acción. Vieron a Jesús predicar, enseñar, sanar, etc.; y así, vivieron la práctica de la misión y no solo escucharon de ella.
3. Hicieron suya la misión: Los discípulos pasaron todo un proceso de entender y vivir la misión para después adoptarla. Una vez que haces tuya la misión, una vez que el propósito de una organización es adoptado por sus colaboradores, se garantiza que la misión seguirá adelante.
Los discípulos de Cristo, muy temprano en su ministerio, se vieron en situaciones adversas. Eran perseguidos, encarcelados, azotados, se burlaban de ellos, eran cuestionados por las más altas autoridades, amenazados, etc. Pero lo importante es que ellos podían relacionar estas adversidades con los problemas que tuvo Jesús, su Maestro, mientras estuvo con ellos, así que no era terreno desconocido; es más, se sentían gozosos de ser dignos de padecer las mismas cosas que padeció su Maestro. Ellos entendieron, vivieron y adoptaron el propósito de su ministerio.
Nosotros tenemos la oportunidad de pasar por este mismo proceso de adoptar un propósito. La misión de nuestras vidas es la brújula que nos ayuda a navegar este mundo tan confuso. Es una virtud poder adoptar la misión de la organización a la que pertenecemos, es virtud comprometerse al propósito y valores de la organización en la que laboramos. Pero encima de todo, independientemente de donde laboremos, si decimos llamarnos cristianos, es virtud hacer nuestra la misión de Cristo.
Mediante la Biblia, podemos pasar por el mismo proceso que pasaron los discípulos. Podemos entender, vivir y adoptar la misión de Cristo y hacer nuestro el propósito que tuvo Jesús al caminar sobre esta Tierra. No hay llamado más elevado que reflejar a nuestro Salvador aquí en la Tierra. Y, ¿quién sabe? A lo mejor también dirán de nosotros: “Mejor déjenlos en paz, si son charlatanes se desanimarán, pero si es de Dios, no los podremos detener”.
Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.






