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¡Atrévete a dar el primer paso!

No importa cuál sea el proyecto que estés iniciando, haz tu parte y confía en que Dios te ayudará con el resto.

La sensación que sentimos al ver una tarea fuera de nuestras capacidades es muy abrumadora. Cuando Jesús finalmente dejó esta tierra, los discípulos se dieron cuenta que ahora les tocaba a ellos. Todavía tenían puestos sus ojos en el cielo, en dirección a donde Jesús había sido alzado -me imagino inmóviles-, tratando de mover sus cabezas para ver si podían ver a Jesús una vez más; y en eso, se les aparecen dos ángeles para recordarles que ya era tiempo de ponerse a trabajar. Parafraseando podríamos decir que los ángeles les dijeron a los discípulos: —¡ Hey! Jesús ya se fue, no se preocupen por Él, así como lo vieron irse, así también volverá. ¿Cuándo? No podemos saber, pero lo que toca ahora es ponerse a trabajar — . Los discípulos estaban conscientes de todas las enseñanzas de Jesús, pero se estaban enfrentando a continuar la tarea de predicar el evangelio aquí en la Tierra.

Cuando recibimos una tarea, cuando vamos a iniciar un proyecto, ¡qué difícil es iniciar! Generalmente, se generan muchas preguntas que no se pueden contestar, preguntas como: ¿seré apto? ¿qué tal si no estoy a la altura? ¿y si hay cosas que no sé hacer? ¿quién me ayudará?, entre muchas otras más. Pero si algo aprendemos del capítulo 1 del libro de Hechos, en cuanto a iniciar un proyecto, es: ¡Empieza!.

Hay que comenzar con lo que sabemos. Los discípulos habían recibido una instrucción bien específica: “Quédense en Jerusalén hasta que reciban al Espíritu Santo”, así que quedaron ahí. La instrucción también comprendía que estuvieran juntos, pues al iniciar un proyecto que sobrepasa nuestras habilidades es importante tener un equipo de colaboración, así mis debilidades pueden ser suplidas por las fortalezas de alguien más. También buscaron a quien completaría el equipo, ya que uno de los apóstoles se había quitado la vida (Judas).

Si podemos notar, las acciones en las que se centraron los discípulos no fueron hacia las cosas que no sabían hacer, más bien, se centraron en las cosas que sí sabían hacer, las cosas que estaban a su alcance. Cuando nos concentramos en hacer lo que sabemos, durante ese proceso vamos adquiriendo nuevas herramientas para después poder hacer lo que todavía no dominamos. Pero si nos concentramos en querer terminar las cosas que todavía no sabemos hacer, ahí es donde viene el desánimo y la frustración.

No importa cuál sea el proyecto que estemos iniciando, la meta que nos hemos propuesto, ni lo abrumador que parezca, el consejo que recibimos de los discípulos es: Haz lo que sabes hacer, hay que empezar con lo que conocemos y confiar que en el proceso creceremos como personas y vamos a adquirir habilidades para enfrentar los obstáculos que se presenten más adelante. Dios es el único que conoce el futuro, dejémosle a Él eso y, confiando en Él, hagamos lo que tengamos a la mano por hacer.

Oscar Castillo

Autor
Director de coros, maestro en la Escuela de Música y desarrollador de negocios en ProMusic de la Universidad de Montemorelos.
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