¿Qué buscan? Son las primeras palabras de Jesús que registra el evangelio de Juan, en el marco del encuentro con Juan y Andrés a las orillas del río Jordán. Es interesante notar que han transcurrido dos mil años y esta pregunta sigue conmoviendo corazones, porque nos confronta con el verdadero propósito de nuestra vida.

En estos tiempos, ¿qué busca el hombre? Generalmente, reconocimiento a través de logros personales, corporativos, y acciones; autoridad, por medio de alcanzar posiciones, títulos, influencia, y relaciones; poder, para dirigir, controlar y crear dependencia. Sin embargo, Juan y Andrés buscaban algo más, anhelaban algo que cualquier bien material, reconocimiento humano o autoridad terrenal no pueden dar; esperaban la restauración de su nación, de su religión, de sus vidas, la cual sólo podía darla el Mesías. Con esperanza y alegría habían ido a escuchar la predicación y el testimonio de Juan el Bautista: “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor” y a pesar de los obstáculos que representaban los dichos y la autoridad de los fariseos, los levitas, los sacerdotes y aún de los mismos desafíos personales, aceptaron el llamado al arrepentimiento y al escuchar las palabras del profeta: “¡He aquí el Cordero de Dios!” Siguieron a Jesús.

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¡Qué valientes! Buscaban al Mesías y creían que estaban ante Él, deseaban conocerle y asegurarse lo que las profecías indicaban, no les importó el qué dirán ni ningún temor humano. “¿Dónde moras?” le preguntaron al Maestro, “Vengan y vean” les contestó; ese día se quedaron con Jesús y lo que vieron confirmó lo que creían. Más tarde, Andrés buscó a su hermano Simón Pedro para comunicarle las buenas nuevas: “Hemos encontrado al Mesías” y lo llevó a Jesús y, al verlo Jesús, le dijo: “Tú eres Simón, pero ahora serás llamado Cefas”. Al día siguiente, Jesús se encontró con Felipe y le dijo “¡Sígueme!”.

Más tarde, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: “Hemos encontrado a aquel de quien Moisés escribió en la Ley y los Profetas”. Rápidamente, Natanael presentó una objeción: “¿De Nazaret puede haber algo bueno?” Felipe, sin entrar en controversias, lo invitó a ir y a ver. Jesús vio a Natanael a la distancia y dijo de él: “He aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño”. ¿Te das cuenta? Cuando las personas buscan a Jesús con sinceridad oyen su voz, le reconocen y le siguen. Al encontrarse con Jesús, Andrés expresó: “Hemos encontrado al Mesías”; Felipe dijo “Hemos encontrado del que Moisés escribió”; Natanael exclamó: “Rabí, ¡tú eres el Hijo de Dios! ¡Tú eres el rey de Israel!”.

La verdad, el que sigue a Jesús, quien responde al llamado del Mesías, ¡cosas mayores que estas verá! ¿Estás listo para responder a la invitación que te hace Jesús? ¿Qué buscas?