Unidos cuidamos mejor
Si quieres ir rápido ve solo, si quieres llegar lejos ve acompañado.
Cuando escuchamos la palabra “sustentabilidad” usualmente la relacionamos con aspectos medioambientales o temas ecológicos. Si la colocamos en el contexto del espacio que habitamos, es común pensar en aspectos como el cuidado de las áreas verdes, las acciones de ahorro de energía, diseño de calles con menos vehículos, manejo de residuos y otros aspectos similares. Sin embargo, hay un principio que es fundamental para lograr una sociedad sustentable y este tiene que ver con entendernos como comunidad.
El deterioro del planeta Tierra es evidente y la actividad humana es causante de esto también. A partir de la revolución industrial, la explotación de los recursos naturales se intensificó. Con el paso de las décadas y el desarrollo de la tecnología, se han aplicado métodos en distintos campos de la ciencia para acelerar la producción y controlar las condiciones ambientales. Pareciera que como sociedad no estamos dispuestos a esperar los ciclos naturales, quizá tenga algo que ver con la conciencia de la brevedad de nuestra vida en lo individual y con los esfuerzos colectivos para vivir intensamente los pocos años que tenemos.
Después de la edad media, durante el renacimiento y con el impulso del pensamiento humanista -en el que el hombre pasó a ser el centro de todo-, el sentido de comunidad cambió. Pasamos de entender a Dios como el Creador y Sustentador de la vida a pretender que el humano es capaz de solucionar todos los problemas como origen y fin de estos. ¿Será posible que tengamos razón? ¿Es posible que el hombre con sus mejores virtudes pueda cambiar el curso de la historia hacia un mejor porvenir? Pero hay una pregunta más inquietante, si todos nos unimos en pensamiento y acción ¿podríamos corregir el mal en este mundo?
Uno de los discursos más importantes que ha permeado en la sociedad desde la segunda mitad del siglo pasado y que agudizó a partir de la crisis climática definida en los 80´s, es la posibilidad de lograr cosas con el impulso de la sociedad unida; en esos años se realizaron múltiples marchas y manifestaciones en pro de cambios. Pero, con la posmodernidad y la fragmentación de los discursos en múltiples verdades y una sociedad altamente segmentada, sigue siendo una tarea que luce complicada. Las predicciones catastróficas hechas desde entonces, hoy son una realidad: aumento en la temperatura, escasez de agua, hambre y desigualdad social son parte de nuestro paisaje contemporáneo.
Nuestra perspectiva adventista de un mundo nuevo no debe hacer que perdamos nuestra responsabilidad en la mayordomía del mundo actual. Cuidar nuestro entorno representa un desafío importante en medio de un mundo egoísta, plagado de personas ambiciosas y con comunidades dispuestas a todo con tal de lograr sus intereses. Por otro lado, no es menor el reto con las comunidades que han dado por perdido este mundo y parece que con sus acciones quieren darle el golpe de gracia y terminar por destruirlo.
Para el cristiano verdadero, entender a Cristo como el único medio a través del cual se puede lograr la unidad, es esencial. Cuando entendemos su ministerio como el Creador, Sustentador y Redentor de este mundo, no podemos comportarnos indiferentes hacia los padecimientos de nuestro medio ambiente. Solo así podremos entender nuestra responsabilidad en un mundo donde lo que hacemos individualmente afectará el medio ambiente del cual somos mayordomos. El amor a Dios por sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, es la única forma para lograr un sentido de comunidad perfecto. Lo que aprendamos en esta Tierra formará nuestro carácter para la vida eterna.






