¡Déjame saciar tu sed!
Así como lo hizo con la mujer samaritana, Jesús está llamando a tu puerta hoy y te dice: ¿Qué necesitas? ¡Déjame saciar tu sed!
No sé tú, pero a mí me está encantando la Semana de Oración y creo que Dios está utilizando de una manera increíble al Ptr. Armando Miranda Jr. En lo personal, a través de la reflexión del día lunes titulada “Sed”, Dios tocó mi corazón y por eso quiero compartirte de qué se trató…
El tema estuvo basado en el capítulo 4 del libro de Juan. En ese pasaje bíblico podemos leer el encuentro que Jesús tuvo con la mujer samaritana pero, antes de continuar hablando de esta historia, vamos a ponernos en contexto, ya que este suceso es de gran importancia. Jesús era judío y esta mujer era samaritana, judíos y samaritanos no hablaban; es más, se evitaban en la medida de lo posible. Los judíos creían que los samaritanos eran una clase de “sangre media”, por lo que evitaban cualquier contacto.
Juan 4 nos menciona que “era necesario que Jesús pasara por Samaria”, pero ¿por qué era necesario? ¿No se supone que los judíos no tenían nada que ver con Samaria? La respuesta es que Jesús tenía una cita con la mujer samaritana, él sabía el lugar y la hora exacta en que ella estaría ahí. Jesús sabía que ella necesitaba beber de un agua que no iba a encontrar en ninguna otra parte que no fuera en él, así que Jesús iba con un propósito.
Jesús también va con un propósito a tu vida, pero ¿será que nos estamos deteniendo a conversar con él o preferimos evitarlo porque nos apena hablarle? Sin duda, muchas veces intentamos enmascarar lo que estamos haciendo con nuestra vida, estamos o nos sentimos tan lejos de Dios que creemos que no podemos volver a Él y puede ser que cuando escuchamos “palabras de vida” no queremos que Jesús sepa lo que está pasando con nosotros. Pero, amigo o amiga que lees esto, déjame decirte que Él conoce todo de nuestra vida incluso antes de que hagamos algo.
Jesús sabía que la mujer samaritana ya había tenido cinco esposos y que ahora vivía con alguien que ni siquiera era su esposo, pero aún sabiendo todo eso, fue a buscarla y a encontrarse con ella. La única razón que tuvo para hacerlo era el gran amor que tenía por ella y ese amor es el mismo que tiene por ti y por mí. Cuando la mujer samaritana se percató que la persona con la que hablaba era el Mesías, pudo entonces recibir esa agua viva y, en ese momento, sus necesidades fueron saciadas.
Hoy, Jesús está llamando a tu puerta y te está diciendo: ¿Qué necesitas? ¡Déjame saciar tu sed!
Querido compañero, compañera o profesor, no importa qué tan lejos estés o si sientes que tu pecado ha sido aún más grande que el de la mujer samaritana, Jesús está dispuesto a ir por ti a donde quiera que te hayas ido, ¡incluso hasta el pozo de Samaria! Y todo esto solo porque te ama y quiere ayudarte a hacer las cosas bien en tu vida, te quiere bendecir, te quiere levantar y poner tus pies sobre la roca. ¿Estás dispuesto a beber del agua que Cristo quiere darte? Te invito a que hables con Él y aceptes lo que te está ofreciendo.
¡No te pierdas esta semana de oración! Estoy segura de que Dios sabía que era necesario que tú y yo participáramos en ella. Te invito a que nos acompañes todas las tardes a las 7:30 en la Iglesia Universitaria o a través de la transmisión en vivo por Facebook o Youtube. ¡No te pierdas el agua viva que Dios quiere darte a beber!






