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Un festejo de cumpleaños inusual

Mientras colportaban, Rodrigo y su compañero fueron llevados presos sin ningún motivo y esta experiencia aterradora resultó en un encuentro de esperanza.

Rodrigo Cruz, es estudiante del 2do año de Teología y asociado de EmprendUM. Fotografía por: Rodrigo.
Rodrigo Cruz, es estudiante del 2do año de Teología y asociado de EmprendUM. Fotografía por: Rodrigo.

El cumpleaños de Rodrigo Cruz, pasó de ser un día normal a uno extraordinario que le dejó un festejo inusual. Rodrigo, un estudiante del segundo año de Teología viajó al Estado de México para realizar ahí su campaña de colportaje, y así autofinanciar sus estudios.

A pocos días de terminar la campaña de verano, el 6 de julio que era el cumpleaños de Rodrigo, él y su compañero salieron a colportar por algunas horas para luego reunirse con otros amigos a celebrar su día. Mientras recorrían algunas calles, tocando puertas y visitando negocios, una patrulla de la policía se les acercó y los empezaron a cuestionar sobre lo que estaban haciendo. A pesar de que ellos respondieron a sus preguntas, y se identificaron debidamente, los oficiales decidieron detenerlos y llevarlos a la fiscalía.

Una vez ahí, no les dieron oportunidad de aclarar ningún detalle. Llenaron sus datos y demás procedimientos, hicieron la única llamada que les permitieron y los metieron en celdas separadas. Ellos debían pagar una multa de 4,500 pesos para poder salir o quedarse detenidos 36 horas.

Ya dentro de la celda Rodrigo empezó a sentir temor no solo por la inesperada situación, sino además por las cuatro personas más con quienes compartía celda, que en palabras de Rodrigo, generaban miedo de solo verlos. “No comprendía el por qué de esa situación, hasta que estando dentro de la cárcel entendí”.

Rodrigo colportó en el Estado de México. Fotografía por: Rodrigo.
Rodrigo colportó en el Estado de México. Fotografía por: Rodrigo.

Pasadas algunas horas, uno de esos cuatro personas empezó a hacerle preguntas a él, mostrando interés en lo que hacían y dónde aprendían todas esas cosas. “Enseguida empecé a darme cuenta de la necesidad que ellos tenían. Fue cuando me di cuenta que la llegada a ese lugar no era casualidad”.

“Aproveché ese momento para hablarles de quiénes éramos y qué hacíamos como iglesia; además, gracias a que el pastor Abimael (quien los fue a buscar) llegó con el uniforme de los Guías Mayores, me empezaron a preguntar muchas cosas más, entonces les hablé de los clubes y de cómo Jesús podía ayudarlos”.

Finalmente, estos caballeros le preguntaron cómo podían hacer para ellos también aprender y participar de todas estas actividades y cuánto debían pagar y Rodrigo les facilitó la dirección de una de las iglesias locales para que se acercaran al salir de ese lugar, recalcándoles que además era totalmente gratis.

“Cuando salgamos de este lugar vamos a buscar la iglesia para poder aprender”, recuerda Rodrigo que dijeron estos hombres. “Al haber pasado horas en ese lugar entendí que no fue casualidad sino que Dios nos había conducido para que pudiéramos hablarles a esas personas de su amor, ya que ellos estaban pasando por un momento difícil”.

Para este joven estudiante tener la oportunidad de compartir un mensaje de esperanza a estas personas que lo necesitaban fue una experiencia de cumpleaños agridulce, inesperada pero finalmente increíble. “Confirmo que Dios es bueno y que nos utiliza de cualquier manera para poder llevar su mensaje a quienes necesitan conocer de Él, y el colportaje es una herramienta”.

Conoce más experiencias de colportaje aquí.

Laura Marrero

Autor
Coordinadora de Periodismo Institucional en la Universidad de Montemorelos.
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