Foto de Markus Distelrath en Pexels

En el año 2018, la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) publicó un comunicado que incluía modelos visuales de los miles de datos que recolectaban sus cuatro satélites que orbitan la tierra[1][2]. Las representaciones visuales mostraron tres tipos de aerosoles en nuestra atmósfera durante cualquier momento del día.

El observatorio de la NASA declaraba: “Al realizar una respiración profunda, incluso si el aire se ve claro, es casi seguro que inhalaras millones de partículas sólidas y gotas de líquido”. Partículas y gotas de aerosoles que son tan diminutivos que están dispersos en el aire. Piensa en polvo, humo, escape de motor y la brisa salada de los océanos. Día a día, estamos expuestos a una mezcla de aire y respiramos cantidades significativas de aerosoles.

Pocas veces en la historia moderna, habíamos dedicado tanta importancia al aire que respiramos, hasta los acontecimientos de los últimos meses. En la frenética búsqueda de encontrar la causa del coronavirus causante del COVID-19, hemos aprendido mucho acerca de las partículas y gotas que respiramos. Medimos el tamaño de estas partículas en unidades de longitud y les decimos micrómetros (micrones o micras).

Para referencia, pudiéramos decir que un cabello humano tiene un grosor de 50–70 micras y en la imagen aparece una célula roja de la sangre de 7 micras (tendríamos que colocar 200 de estas células en forma lineal para cubrir el diámetro de una cabeza de alfiler). El miedo al contagio del virus es real y, en parte, esto se debe a su tamaño diminuto de o.1 micras.

En una tos o estornudo humano pueden existir millones de gotas del virus. ¿Pero aún en cuarentena y aislados, estaremos respirando aire limpio? Para el tiempo de publicación de este artículo habremos observado el 50 aniversario del día del planeta (Earth Day) y ahora más que nunca la evidencia apunta a una crisis global[3].

Por varios años, nos han advertido de la calidad del aire por medio de observatorios globales y nacionales. Existen niveles peligrosos de contaminación en el aire por partículas diminutas, especialmente las pm 2.5. En el año 2016, Lancet publicó un artículo[4] que demostraba la carga global de la diabetes asociada con la contaminación del aire. Más de tres millones de diagnósticos de diabetes se atribuyen a la respiración de las partículas pm 2.5 cada año; sin embargo, no solo es diabetes, el informe de Carga Global de Enfermedades (GBD) demostró que varias causas de muerte estarían asociadas con la contaminación del aire: infartos, derrames vasculares, enfermedades del corazón, cánceres pulmonares y enfermedades respiratorias (como el asma). Éstas, causaron 3.4 millones de muertes prematuras en un año[5]. Aparentemente el aire contaminado también nos está robando años de vida[6].

Ya existe una gran cantidad de literatura demostrando que la contaminación del aire perjudica la salud en términos de esperanza de vida, hospitalización, salud infantil, comportamiento de salud y demencia. En 2018, científicos de China midieron[7] la exposición de aire contaminado y la función cognitiva, encontrando datos alarmantes que demostraron una regresión en pruebas verbales y de matemática, en personas con niveles de escolaridad. Así mismo, una universidad en Londres publicó un meta análisis demostrando asociaciones entre la exposición de las partículas pm 2.5 y partículas pm 10, con la ansiedad e intento de suicido en personas que respiraron aire contaminado con dichas partículas. ¿Existe algún aspecto de nuestra salud que no sea afectado por la contaminación del aire?

Aún al terminar esta pandemia de COVID-19, quedan demasiadas dudas y preguntas de cómo vamos a enfrentar una batalla de salud que estamos perdiendo por años. Greta Thunberg fue uno de los nombres más publicados en los medios desde el 2019, notable por su activismo y fomentar la atención para enfrentar el cambio climático. El mismo diccionario Oxford había declarado que la palabra del año 2019 fue “Climate Emergency”[8].

Aún con una cantidad de información consistente y creciente, es difícil saber cuántas personas están conscientes de la calidad del aire que respiramos día a día. Los determinantes de salud nos indican que la mayoría de las comunidades marginadas y las áreas urbanas donde viven las personas de escasos recursos, son las más impactadas por la exposición al aire contaminado. Cualquier intervención global debe de tomar en cuenta acciones multidisciplinarias desde un enfoque salutogénico; iniciativas como las ciclovías en Colombia [9][10], la restauración y diseño de ciudades como Copenhague en Dinamarca[11][12] y Beijing (China)[13], por mencionar algunos. Reforestar áreas con millones de árboles pueden tener valor para el medio ambiente y el aire[14], tal como lo hicieron China, Etiopía e India, al reforestar alrededor de algunas de sus ciudades. Revisar conceptos en materia de política y legislación para aumentar la cantidad de actividad física de los ciudadanos, e inclusión, para “todos en todo momento”[15]; las cuales también incluyen la construcción de ciudades habitables (Livable cities) y los espacios que conduzcan a la actividad física intencional (medios de transporte, zonas de trabajo). En Japón[16] encontramos comunidades habitables para los adultos mayores y conceptos de trabajo como el cuidado de jardines y huertos, construidos dentro de la ciudad, comprobando que tenemos toda la habilidad de construir un ambiente adaptable para la salud de las personas.

Es evidente que debemos repensar la construcción de nuestras ciudades desde modelos exitosos como los mencionados anteriormente. Una ciudad debe responder a las necesidades de las personas que la habitan y no crearlas. La necesidad de transportes, que nos siguen ahogando con sus emisiones, deben ser reinventadas y rediseñadas. Las emisiones de las fábricas deben regularse; los espacios y diseños de comunidades que rodean las fábricas deben cambiar radicalmente. El concepto de “ciudades industriales” debe ser historia del pasado. Si añadimos los estudios recientes de salud mental y espacios verdes, podemos ver que los ambientes también pueden ser manipulados con la inserción de arquitectura verde o ecología.



Referencias:

[1] https://earthobservatory.nasa.gov/images/92654/just-another-day-on-aerosol-earth

[2] NASA Earth Observatory (2010, November 2) Aerosols: Tiny Particles, Big Impact. NASA Global Modeling and Assimilation Office. Accessed August 23, 2018.

[3] William J Ripple, Christopher Wolf, Thomas M Newsome, Phoebe Barnard, William R Moomaw, World Scientists’ Warning of a Climate Emergency, BioScience, Volume 70, Issue 1, January 2020, Pages 8–12, https://doi.org/10.1093/biosci/biz088

[4] Bowe B Xie Y Li T Yan Y Xian H Al-Aly Z. The 2016 global and national burden of diabetes mellitus attributable to PM2·5 air pollution: a longitudinal cohort study using the Global Burden of Disease 2016 data and methodologies. Lancet Planet Health. 2018; 7: e301-e312

[5] Ambient Air Pollution Exposure Estimation for the Global Burden of Disease 2013. Michael Brauer, Greg Freedman, Joseph Frostad, Aaron van Donkelaar, Environmental Science & Technology 2016 50 (1), 79–88 DOI: 10.1021/acs.est.5b03709

[6] Jos Lelieveld, Andrea Pozzer, Ulrich Pöschl, Mohammed Fnais, Andy Haines, Thomas Münzel, Loss of life expectancy from air pollution compared to other risk factors: a worldwide perspective, Cardiovascular Research, https://doi.org/10.1093/cvr/cvaa025

[7] Xin Zhang, Xi Chen, Xiaobo Zhang. The impact of exposure to air pollution on cognitive performance Proceedings of the National Academy of Sciences Sep 2018, 115 (37) 9193–9197; DOI: 10.1073/pnas.1809474115

[8] https://languages.oup.com/word-of-the-year/2019/

[9] Sarmiento OL Diaz Del Castillo A Triana CA Acevedo MJ Gonzalez SA Pratt M Reclaiming the streets for people: insights from Ciclovias Recreativas in Latin America. Prev Med. 2017; 103S: S34-S40

[10] Bennie J Crane O Cullum A et al. Physical activity and the environment update. Effectiveness and cost-effectiveness evidence review 2: ‘Ciclovia’ and street closures, trails and safe routes to schools.

https://www.nice.org.uk/guidance/gid-phg97/documents/evidence-review-2

[11] Jin Xue. (2018) Eco-metropolis planning conditioned by the growth ideology: the case of Greater Copenhagen. Proceedings of the Institution of Civil Engineers — Urban Design and Planning 171:3, pages 133–142.

[12] Stephen Jones. 2018. Copenhagen City Government. Cities Responding to Climate Change, pages 179–217.

[13] Chunli Zhao, Thomas Alexander Sick Nielsen, Anton Stahl Olafsson, Trine Agervig Carstensen, Xiaoying Meng. (2018) Urban form, demographic and socio-economic correlates of walking, cycling, and e-biking: Evidence from eight neighborhoods in Beijing. Transport Policy 64, pages 102–112.

[14] .-F. Bastin, Y. Finegold, C. Garcia, D. Mollicone, M. Rezende, D. Routh, C. M. Zohner, T. W. Crowther, The global tree restoration potential. Science 365, 76–79 (2019). doi:10.1126/science.aax0848

[15] Global action plan on physical activity 2018–2030: more active people for a healthier world. Geneva: World Health Organization; 2018. Licence: CC BY-NC-SA 3.0 IGO.

[16] https://www.jst.go.jp/ristex//korei/en/02project/prj_h22_04.html