Psicólogo de la UM brinda apoyo tras los terremotos en Venezuela
Moisés Manzano ofreció primeros auxilios psicológicos a sobrevivientes y equipos de respuesta durante una misión de CADENA en La Guaira.
“¡Ah, mexicano. Perdió México!”, le dijo un sobreviviente a Moisés Manzano mientras veía un partido del Mundial.
El hombre enfrentaba una pérdida dolorosa causada por los recientes terremotos en Venezuela. Manzano, capacitado en primeros auxilios psicológicos, siguió la conversación sobre fútbol. Durante unos minutos, el sobreviviente pudo disfrutar un momento cotidiano.
Más tarde le agradeció aquel gesto. Para el psicólogo, su reacción confirmó el valor que puede tener un momento de normalidad durante una emergencia.
Moisés Manzano es docente de la Facultad de Psicología de la Universidad de Montemorelos (UM) y voluntario del Comité de Ayuda a Desastres y Emergencias Nacionales, A. C. (CADENA).
Del 30 de junio al 8 de julio participó en su primera misión internacional con la organización. Su destino fue La Guaira, una de las regiones más afectadas por los terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5 registrados con menos de un minuto de diferencia el 24 de junio.
Un balance de UNICEF publicado el 24 de julio informó que los terremotos habían causado más de 5,390 muertes y dejado más de 16,700 personas heridas. Cerca de 23,100 personas permanecían en campamentos temporales. De acuerdo con una evaluación del Banco Mundial, La Guaira y el Distrito Capital concentraron alrededor de la mitad de los daños físicos directos.
La relación de Manzano con CADENA comenzó en 2021. Su primera intervención fue en Puebla. Al concluir aquella misión, recibió la invitación para integrarse de manera permanente al equipo de psicólogos de la organización.
Desde entonces ha recibido capacitación continua en primeros auxilios psicológicos y atención en emergencias. Ha participado en la respuesta al huracán Otis, las lluvias en Puebla y el acompañamiento a familiares de los mineros atrapados en Coahuila. También ha intervenido en Oaxaca, la Sierra Tarahumara y San Luis Potosí, además de atender a personas en situación de movilidad en Ciudad de México y Monterrey.
Durante su estancia en Venezuela recorrió albergues y zonas afectadas, colaboró en la identificación de necesidades y brindó primeros auxilios psicológicos a sobrevivientes, familiares y equipos de respuesta.
En esta entrevista comparte lo que significa escuchar durante un desastre y explica cómo su preparación profesional, su fe y su vocación de servicio orientaron su trabajo.
¿Qué encontraste al llegar a La Guaira?
Durante los primeros días realizamos una evaluación para identificar las necesidades de la población y determinar cómo podía contribuir nuestra organización. También revisamos el trabajo que ya desarrollaban otras instituciones para coordinar los esfuerzos.
Visitamos albergues formales e informales, recorrimos las zonas afectadas y participamos en reuniones con organizaciones humanitarias internacionales. Buscábamos los lugares donde nuestra intervención podía ser más útil.
Como psicólogo, mi responsabilidad principal fue evaluar las necesidades emocionales de las personas afectadas y acompañar tanto a la población como a los equipos de respuesta.
¿Por qué es necesaria la atención psicológica durante una emergencia de esta magnitud?
La salud mental es un componente fundamental en estas situaciones. El apoyo alcanza a quienes perdieron familiares o viviendas y también a rescatistas, paramédicos y voluntarios que enfrentan experiencias difíciles cada día.
Durante la misión trabajé con familiares que acudían a reconocer cuerpos en la morgue y con personas que permanecían cerca de las zonas de derrumbe mientras esperaban noticias de sus seres queridos o la recuperación de sus cuerpos para comenzar el duelo.
Estas experiencias muestran la importancia del acompañamiento psicológico durante un desastre.
¿Cómo se acompaña a alguien que todavía espera noticias de un familiar?
En algunas familias existen diferencias sobre la manera de realizar el rescate. Una persona puede pedir que se evite el uso de maquinaria y otra puede solicitarla para agilizar la búsqueda.
Son decisiones difíciles. Algunas personas priorizan la rapidez y otras desean proteger los cuerpos de mayores daños. También existe la posibilidad de encontrar personas con vida entre los escombros. El uso de maquinaria pesada requiere análisis y precauciones para protegerlas.
Cada decisión demanda cuidado. Nuestra labor consiste en permanecer cerca de las familias, escucharlas y acompañarlas durante la incertidumbre.
¿En qué consistían los primeros auxilios psicológicos que brindabas?
Principalmente, en escuchar con atención y evitar la revictimización. Nos acercábamos para ofrecer apoyo, artículos de higiene o algún recurso que pudiera aliviar su situación.
Algunas personas llevaban varios días sin poder bañarse desde el terremoto. Para ellas, recibir un pequeño kit de aseo representaba una ayuda importante. En ocasiones, el acompañamiento comienza al atender una necesidad inmediata.
Los primeros auxilios psicológicos parten de la escucha activa. Respetamos el momento de cada persona y esperamos a que decida si desea hablar sobre su experiencia. Durante esta primera etapa buscamos acompañar, contener y brindar apoyo.
También colaboramos con el área psicosocial, especialmente en la atención a niñas y niños. Se está desarrollando un material para fortalecer la resiliencia mediante un libreto diseñado para situaciones de desastre. Su aplicación forma parte del plan de trabajo de la organización.
Después de las labores de rescate comienza un proceso de recuperación emocional que puede prolongarse durante mucho tiempo, en especial entre las infancias y las personas que perdieron familiares, viviendas o su comunidad.
¿Cómo influyó tu fe en la manera de acompañar a las personas durante la misión?
Mi fe dio sentido a cada acción. Me recordó que cada persona tiene valor y merece ser tratada con dignidad, respeto y compasión. Eso me motivó a escuchar con paciencia, acompañar con respeto y permanecer presente en los momentos difíciles.
Durante esos días, mi hermano me habló sobre Job y su resiliencia. Ya en Venezuela, observé que muchas personas agradecían a Dios por una nueva oportunidad de vida. Su capacidad para encontrar esperanza en medio de la adversidad también fortaleció mi confianza en Dios.
Comprendí que servir también es estar disponible y caminar junto a quien atraviesa un momento difícil. Orar en silencio por las personas y los equipos de respuesta formó parte de mi experiencia.
Regresé con un compromiso más firme de vivir mi fe mediante el servicio y con una mayor valoración del amor y la compasión.
¿Cómo se relacionan estas experiencias con tu labor como docente?
Cada intervención fortalece mi trabajo en el aula. Cuando imparto clases relacionadas con la intervención en crisis, puedo compartir herramientas que he aprendido en el campo.
Las crisis pueden surgir por circunstancias específicas, por preguntas existenciales o durante diferentes etapas de la vida. Estas experiencias me preparan para enseñar y responder las preguntas de los estudiantes desde la práctica.
También valoro el respaldo de la Universidad y la manera en que recibe este servicio humanitario. Ese apoyo me permite continuar desarrollando esta faceta junto con mis responsabilidades docentes.
Manzano regresó de Venezuela con el agradecimiento de las personas como uno de los recuerdos centrales de la misión. En los albergues, en el aeropuerto y al subir al avión, sobrevivientes y ciudadanos reconocieron el trabajo de los equipos humanitarios.
Una frase resumió para él aquella experiencia: “Gracias. Gracias por venir hasta acá para ayudarnos”.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






