Más de 800 adventistas estudian la obra del Espíritu Santo
La Décima Conferencia Bíblica de la Universidad de Montemorelos reunió a especialistas internacionales para profundizar en su divinidad, misión y papel en la vida cristiana.
“El Espíritu Santo es quien nos mantiene espiritualmente vivos a lo largo de nuestra experiencia cristiana”. Con esta afirmación, el Dr. Ángel Manuel Rodríguez, exdirector del Instituto de Investigación Bíblica de la Asociación General, resumió el propósito de la Décima Conferencia Bíblica de la Universidad de Montemorelos (UM).
El encuentro buscó responder una pregunta que atraviesa la vida de todo creyente: ¿quién es el Espíritu Santo y cómo obra hoy en la vida de la iglesia y de cada cristiano?
Del 1 al 4 de julio, la UM recibió a más de 800 pastores, ancianos, líderes de iglesia, profesores de teología y miembros de iglesia provenientes de todo México. También participó un grupo de pastores de Arizona, Estados Unidos.

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Más de seiscientos pastores y líderes de iglesia se reunieron para estudiar y afianzar los principios que distinguen la Iglesia Adventista.
Bajo el tema “Pneumatología: Espíritu Santo”, la conferencia reunió durante cuatro días a especialistas de algunas de las principales instituciones teológicas adventistas del mundo para estudiar la personalidad, divinidad, obra y misión del Espíritu Santo desde distintas disciplinas bíblicas y teológicas.
Las conferencias estuvieron acompañadas por espacios de diálogo, un foro y mensajes abiertos a toda la comunidad durante los cultos del viernes y el sábado en la Iglesia Universitaria.
Un tema oportuno para la iglesia
¿Por qué dedicar una conferencia completa al Espíritu Santo?
Para el Dr. Juan J. Andrade, director de la Facultad de Teología de la UM y coordinador general del encuentro, la respuesta nace de una realidad que la iglesia enfrenta actualmente.
“Actualmente existen diversas ideas y corrientes que afirman que el Espíritu Santo es sólo una influencia o que apelan a una supuesta vuelta a la fe de los pioneros, argumentando que algunos de ellos no creían en la personalidad del Espíritu Santo”.
Andrade explicó que el propósito de la conferencia fue ofrecer herramientas bíblicas para fortalecer el ministerio de quienes sirven en las iglesias.
Celebrada cada dos años desde 2009, la Conferencia Bíblica dedica cada edición al estudio de un tema específico de la teología adventista. En esta ocasión, el Consejo Técnico de la Facultad de Teología eligió centrar la reflexión en la doctrina del Espíritu Santo.
Especialistas de instituciones teológicas adventistas
El programa académico reunió a especialistas provenientes del Instituto de Investigación Bíblica (BRI) de la Asociación General, la Universidad Andrews, el White Estate, el Seminario Teológico Adventista Interamericano (SETAI) y el Seminario Teológico de la Universidad Adventista del Plata, entre otras instituciones.
Entre los ponentes participaron el Dr. Elías Brasil de Souza, director del BRI; el Dr. Alberto Timm, exdirector del White Estate y del BRI; el Dr. Jiri Moskala, director del Seminario Teológico de la Universidad Andrews; el Dr. Ángel Manuel Rodríguez, exdirector del BRI; y otros investigadores y docentes adventistas de trayectoria internacional.
Las plenarias y semiplenarias desarrollaron el tema desde diferentes enfoques, entre ellos el Antiguo y el Nuevo Testamento, la teología sistemática, la historia del pensamiento adventista, la misión, el santuario y los escritos de Elena G. White.
De esta manera, ofrecieron una visión integral sobre la persona y la obra del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo en la vida del creyente
Aunque las ponencias abordaron el tema desde distintas disciplinas teológicas, los expositores coincidieron en que el estudio del Espíritu Santo solo cumple su propósito cuando conduce a una relación más profunda con Cristo y a una vida transformada por su acción.
Para el Dr. Félix Cortez, profesor de Literatura del Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Adventista de la Universidad Andrews, el estudio de la Biblia siempre exige una respuesta personal.
“Toda persona que estudia la Biblia, aun cuando lo haga desde una perspectiva académica, llega al momento de decidir si vivirá lo que está aprendiendo. Quienes toman esa decisión son transformados por el Espíritu Santo”.
El especialista explicó que uno de los desafíos al estudiar la persona del Espíritu Santo es que las Escrituras muestran constantemente que su obra consiste en dirigir la atención hacia Cristo y no hacia sí mismo.
En la misma línea, el Dr. Elías Brasil de Souza, director del Instituto de Investigación Bíblica (Biblical Research Institute, BRI) de la Asociación General, recordó que la unidad doctrinal solo puede edificarse sobre la autoridad de las Escrituras.
“Como Adventistas del Séptimo Día, nuestra autoridad final es la Biblia. La Biblia es la revelación de Dios y cualquier enseñanza acerca del Espíritu Santo tiene que estar en armonía con ella. Si no está en armonía con la Biblia, no es verdadera”.
Por su parte, el Dr. Ángel Manuel Rodríguez, teólogo adventista, investigador, escritor y exdirector del Instituto de Investigación Bíblica de la Asociación General, explicó que la elección del tema también respondió al momento que vive la iglesia.
“...porque Él es uno de los miembros de la Deidad. Lo que estamos explorando es el misterio de Dios en la tercera persona de la Deidad”.
Rodríguez señaló que, aunque muchas personas continúan viendo al Espíritu Santo únicamente como una fuerza o una influencia, el testimonio bíblico lo presenta como una persona con quien el creyente puede desarrollar una relación.
“La Biblia testifica constantemente que Él es una persona. El Espíritu Santo es una persona con quien podemos tener una relación de amor y cuya presencia en nuestra vida nos santifica diariamente”.
Volver al centro del evangelio
En el marco del encuentro, el Dr. Ángel Manuel Rodríguez presentó reflexiones abiertas a la comunidad durante los cultos del viernes por la noche y el sábado por la mañana. En ellas retomó los principales temas de la conferencia desde un enfoque pastoral y cristocéntrico.

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Más de 1400 asistentes virtuales, en su mayoría teólogos del territorio de la División Interamericana.
A partir del relato del bautismo de Jesús, explicó que ese momento marcó no solo el inicio de su ministerio, sino también una acción conjunta de la Deidad dentro del plan de salvación y el comienzo del conflicto definitivo entre el bien y el mal.
La victoria de ese conflicto se alcanza en la cruz y culminará en la segunda venida.
Rodríguez enfatizó que el centro del mensaje cristiano no es solamente la enseñanza doctrinal, sino la presentación de Cristo como el “Cordero de Dios”, tal como lo proclamó Juan el Bautista.
Recordó que el verdadero desafío para la iglesia es mantener a Cristo en el centro de toda predicación y enseñanza. Cada doctrina, estudio bíblico y sermón, subrayó, debe conducir finalmente a Él, pues sin esa centralidad el mensaje pierde su esencia.
Un reconocimiento a la excelencia teológica y pastoral
Durante la Décima Conferencia Bíblica, la Universidad de Montemorelos otorgó el grado de Doctor Honoris Causa en Educación Religiosa al Dr. Ángel Manuel Rodríguez.
La distinción reconoció sus aportes a la investigación bíblica y al desarrollo de la teología adventista durante varias décadas de servicio a la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
Este galardón honorífico se entrega de manera estrictamente selectiva a personalidades cuya trayectoria e impacto social, científico o religioso reflejan de manera ejemplar los valores de la institución.
Al leer la reseña biográfica, el Dr. Juan José Andrade destacó la prolífica labor del homenajeado, nacido en Puerto Rico en 1945. A lo largo de su ministerio, Rodríguez ha publicado más de 20 libros y 300 artículos.
También se desempeñó como director del Instituto de Investigación Bíblica (BRI) de la Asociación General, dejando una huella imborrable en la teología adventista mundial.
La Dra. Judith Ayala, Vicerrectora Académica, explicó que se eligió la especialidad en Educación Religiosa porque el Dr. Rodríguez posee el don excepcional de hacer accesible la profundidad del pensamiento teológico para la vida cotidiana de la iglesia. De esta manera, ha servido como puente entre la academia y el feligrés local.
Al recibir la distinción, el Dr. Rodríguez expresó su profunda gratitud en un emotivo discurso en el que vinculó su historia personal con la temática de la conferencia.
Al recordar sus orígenes sencillos, afirmó que la obra del Espíritu Santo consiste precisamente en ver el potencial en la “materia prima rústica”, protegerlo y transformarlo en una vida de servicio.
Concluyó con humildad: “Acepto el crédito por mis errores. Pero el crédito por lo poco o lo mucho que haya logrado pertenece a Cristo Jesús”.
Desafíos actuales para la iglesia
Como parte de la programación, la conferencia incluyó un foro de diálogo en el que varios especialistas abordaron algunos de los desafíos doctrinales y pastorales que actualmente enfrenta la Iglesia Adventista.
Entre los temas analizados estuvieron el desarrollo doctrinal de la iglesia, la manera de comprender el legado de los pioneros a la luz de las Escrituras, el acompañamiento a miembros con inquietudes sobre el Espíritu Santo y la importancia de preservar la unidad de la iglesia mediante el estudio bíblico y el diálogo pastoral.
En ese contexto, el Dr. Alberto Timm, exdirector del White Estate y del Instituto de Investigación Bíblica, y el Dr. Gerson Rodrigues, profesor asociado de Historia de la Iglesia en la Universidad Andrews, coincidieron en destacar que el crecimiento doctrinal de la iglesia siempre ha estado fundamentado en la autoridad de la Biblia y en una actitud permanente de estudio.
Por su parte, el Dr. Elías Brasil de Souza y el Dr. Frank Hasel subrayaron la necesidad de responder con paciencia, sensibilidad y fidelidad bíblica a quienes buscan comprender mejor estas enseñanzas.
El foro concluyó con una reflexión sobre el equilibrio entre doctrina y experiencia cristiana. Los especialistas coincidieron en que la obra del Espíritu Santo se evidencia en una iglesia centrada en Cristo, comprometida con la misión y guiada por las Escrituras.
Al resumir este énfasis, el Dr. Ranko Stefanovic, profesor de Nuevo Testamento en la Universidad Andrews, afirmó:
“Una experiencia sin doctrina termina siendo guiada únicamente por las emociones, mientras que una doctrina sin experiencia se convierte solo en un ejercicio filosófico. Una comprensión correcta de la doctrina del Espíritu Santo nos conduce a una verdadera experiencia cristiana con la obra del Espíritu en nuestra vida”.
Una invitación a seguir profundizando
La Décima Conferencia Bíblica concluyó con un llamado a que el conocimiento acerca del Espíritu Santo trascienda el ámbito académico y se refleje en la vida de la iglesia.
Para el Dr. Juan J. Andrade, el anhelo de los organizadores es que cada participante regrese a su congregación con una comprensión más sólida de la enseñanza bíblica sobre el Espíritu Santo y preparado para acompañar a otros en su crecimiento espiritual.
“Esperamos que los asistentes salgan con una convicción más firme de que la Iglesia Adventista del Séptimo Día sostiene claramente que el Espíritu Santo es Dios y una de las tres personas de la Trinidad, junto con el Padre y el Hijo. También deseamos que comprendan el papel esencial del Espíritu Santo en el plan de la salvación y en la vida del creyente”.
Como resultado del trabajo desarrollado durante los cuatro días de estudio, los participantes presentaron una Declaración de Consenso.
El documento resume las principales convicciones bíblicas reafirmadas durante la conferencia sobre la persona y el ministerio del Espíritu Santo en la creación, la redención, la vida del creyente, la unidad de la iglesia y la proclamación del evangelio.
La Declaración de Consenso de la Décima Conferencia Bíblica, titulada Pneumatología: Espíritu Santo, expresa:
- Creemos que Dios, el Espíritu Santo, es una persona coeterna con el Padre y el Hijo, coparticipante en la obra de la creación, la sustentación y la redención del ser humano, tal como lo presentan el Antiguo y el Nuevo Testamento.
- Creemos que el Espíritu Santo reveló la verdad a los profetas y a los apóstoles, los inspiró a registrarla en las Sagradas Escrituras e ilumina a los creyentes para comprenderla.
- Afirmamos que la misión del Espíritu Santo es fundamentalmente cristocéntrica, pues da testimonio de Cristo, lo glorifica y derrama el amor de Dios en el corazón de los seres humanos para atraerlos al Señor.
- Reconocemos que la obra del Espíritu Santo es esencial para la salvación de las personas, ya que convence de pecado, llama al arrepentimiento, produce el nuevo nacimiento, promueve el crecimiento espiritual y obra la santificación.
- Creemos que el bautismo del Espíritu está directamente relacionado, en el Nuevo Testamento, con el bautismo en agua y constituye el medio por el cual el creyente es incorporado al cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.
- Afirmamos que la recepción y permanencia del Espíritu Santo en la vida del creyente respetan la voluntad del individuo, quien conserva el uso de su raciocinio, su capacidad de decisión y recibe claridad para comprender las Escrituras.
- Reconocemos que la evidencia concluyente de la presencia del Espíritu Santo en el creyente es la obediencia a la Palabra de Dios, el desarrollo de un carácter semejante al de Cristo y la manifestación del fruto del Espíritu en su vida.
- Creemos que el Espíritu Santo guía a la Iglesia desde su fundación hasta la segunda venida de Cristo y concede dones espirituales a los creyentes para la edificación y la unidad del cuerpo de Cristo.
- Afirmamos que el poder capacitador del Espíritu Santo es indispensable para la proclamación del evangelio eterno en el contexto de los mensajes de los tres ángeles.
- Reconocemos que vivimos en los días finales de la historia de este mundo y, por ello, necesitamos el derramamiento pleno del Espíritu Santo para prepararnos y preparar a otros para el segundo advenimiento de Cristo.
Considerando estas convicciones, expresamos nuestro ferviente deseo de buscar el reavivamiento, la reforma y el derramamiento pleno del Espíritu Santo en la lluvia tardía, para que Él nos utilice en la culminación de la predicación del evangelio a todo el mundo.






