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La fidelidad comienza en lo secreto

Daniel 6 muestra como una vida constante de oración con Dios fortalece nuestra fe para permanecer firmes cuando ser fiel resulta incómodo.

Fotografía por: Universidad de Montemorelos / Isaac Corral.
Fotografía por: Universidad de Montemorelos / Isaac Corral.

“Oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes” (Daniel 6:10).

Es más fácil hacer lo correcto cuando sabemos que alguien nos observa. La presencia de otras personas puede llevarnos a medir nuestras palabras, cuidar nuestras acciones o demostrar una fe que parece firme. Pero ¿qué sucede cuando no hay una audiencia, nadie reconoce nuestro esfuerzo y nuestras decisiones permanecen en privado?

Daniel 6 presenta a un hombre cuya fidelidad no dependía de las circunstancias ni de la aprobación de los demás. Sus adversarios buscaban una razón para acusarlo, pero no encontraron negligencia ni corrupción en su trabajo. Por eso, decidieron atacar el único aspecto que no estaban dispuestos a imitar… su relación con Dios.

El decreto prohibía dirigir peticiones a cualquier deidad u hombre que no fuera el rey durante treinta días. Daniel sabía que continuar orando lo exponía a la muerte. Sin embargo, al conocer la orden, regresó a su casa y oró como acostumbraba.

Este detalle es esencial. Daniel no comenzó a orar para demostrar valentía ni convirtió su devoción en un espectáculo de protesta. Tampoco esperó hasta encontrarse en peligro para buscar a Dios. Cuando llegó la crisis, hizo lo que ya formaba parte de su vida.

Con frecuencia admiramos la firmeza de Daniel frente al foso de los leones, pero esa fortaleza se había formado mucho antes, en los momentos silenciosos de oración que nadie celebraba. Su testimonio público nació de una relación privada y constante con Dios.

También nosotros enfrentamos decisiones que revelan a quién pertenecemos. Tal vez no exista un decreto contra nuestra fe, pero sí momentos en los que ser honestos puede costarnos una oportunidad, actuar con integridad puede resultar incómodo o mantener nuestras convicciones puede hacernos sentir solos.

En esas situaciones no improvisamos el carácter. Respondemos desde los hábitos, valores y relaciones que hemos cultivado. Si buscamos a Dios únicamente cuando enfrentamos una emergencia, nuestra fe dependerá de la intensidad del problema. Pero si aprendemos a caminar con Él cada día, su presencia se convierte en el fundamento de nuestras decisiones.

La coherencia no significa perfección. Significa vivir con sinceridad delante de Dios, reconocer nuestras faltas y permitir que Él continúe transformándonos. Lo que hacemos cuando nadie nos observa también forma parte de nuestro testimonio.

Por eso, la pregunta es muy personal: ¿mi relación con Dios permanece cuando ser fiel resulta incómodo? ¿Lo busco solamente cuando necesito una respuesta o su presencia forma parte de mi vida cotidiana?

Daniel no sabía de qué manera terminaría aquella prueba. Lo que sí sabía era a quién pertenecía. Su fidelidad no comenzó frente a los leones, sino de rodillas en su habitación.

Nuestro testimonio también comienza allí, en las decisiones silenciosas, las oraciones que nadie escucha y la obediencia que quizá nadie reconoce. Cuando la vida privada pertenece verdaderamente a Dios, la voz pública puede hablar de Cristo con autenticidad.

Editora: Brenda Cerón.  

Laura Marrero

Autor
Coordinadora de Periodismo Institucional en la Universidad de Montemorelos.
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