La Escuela Preparatoria “Prof. Ignacio Carrillo Franco” (ICF) celebró su 65 aniversario con un programa especial de gratitud el pasado viernes 13 de noviembre, en el marco del 78 aniversario de la Universidad de Montemorelos. Este emotivo programa reunió palabras de agradecimiento, música, entrevistas y un recorrido histórico por las diferentes etapas de la que comenzó siendo Colegio Vocacional y Profesional Montemorelos (COVOPROM), cuando se ofrecían los cursos de preparatoria general y preparatoria técnica, hasta llegar a ser la Escuela Preparatoria “Prof. Ignacio Carrillo Franco”, nombre que recibió en memoria de quien fuera su primer director e impulsor de grandes avances, el profesor Ignacio Carrillo Franco.

Aunque por razones de seguridad sanitaria no se pudo reunir físicamente a una gran cantidad de miembros de las diferentes generaciones para hacer lo que caracteriza una celebración de este tipo, la ceremonia estuvo acompañada de testimonios en videos o presenciales de egresados de diferentes generaciones, de docentes y quienes llegaron a ser directores de la escuela; historias que, en palabras del Prof. Israel Escobedo, quien ha sido director de la ICF por 20 años, son testimonios de compromiso con la educación adventista.

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Don José Velázquez y su esposa confiaron en la educación adventista.
Entre las historias de fe destacadas en el aniversario, está la de Don José Velázquez, quien en 1962 se mudó con su familia a Montemorelos para que sus siete hijos estudiaran en la preparatoria adventista, lo que lograron con mucho sacrificio y, en sus palabras, estrecheces económicas, pero también gracias a la providencia de Dios que pudieron palpar en innumerables milagros.

“Tengo los certificados de todos y cada uno de ellos que para mí son como un trofeo al empeño de haberlos educado en este lugar...y no me canso de darle gracias a Dios de cómo los hijos respondieron al empeño de su madre y el mío”, comentó en su testimonio Don Velázquez.

No solo sus hijos, sino las generaciones que han seguido han pasado por la preparatoria y muchos por la Universidad de Montemorelos formándose como profesionales. “De generación en generación, que sigan adelante y les inculquen el deseo de la educación cristiana que es lo que mejor les puede ayudar en la vida. Y esa es la satisfacción más grande que nos ha quedado, que los hijos lo transmitan a sus hijos y los nietos sigan el camino de sus padres que es un camino seguro. No puede haber algo mejor que la educación adventista porque aprenden principios que los pueden hacer ciudadanos mejores”, concluyó Don Velázquez.

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El profesor Susunaga fue uno de los directores de la escuela preparatoria.
“Siempre he creído que la continuidad de las generaciones es lo que da fortaleza y trascendencia a una institución educativa y quiero dar fe que esto ha sido una realidad en nuestra escuela: y es así como se han creado lazos permanentes que se han fortalecido a través de los años y le han dado una identidad y sello que han sido un bendición para muchas generaciones en su paso por estas aulas”, comentó durante el programa Escobedo.

Parte de la historia de la preparatoria también fue contada a través de la perspectiva de algunos de los que fueron directores de la escuela en diferentes periodos.

“El mayor desafío para mí era cubrir las expectativas de los padres cuando me traían a uno de sus hijos. Llegaban a esta institución con la esperanza puesta este sistema educativo nuestro”, expresó Donacio Susunaga, quien fue director de la institución en el periodo 1989-2000.

En sus 65 años de existencia son muchas las generaciones que han egresado del ICF. De estas, se recopilaron algunas impresiones de su paso por la escuela. “…los maestros que tuvimos hicieron de nosotros lo que somos, personas de éxito en diferentes partes del mundo. El conocimiento que nos transmitieron forjó nuestro carácter pero también hizo que fuéramos personas que estamos anhelando servir a quienes nos rodean”, dijo en un videos Juan Manuel García, egresado de la generación 74. “La universidad tiene una cosmovisión que hace que cada uno de sus estudiantes se proyecte tan lejos como quieran llegar y tan lejos como el señor ha prometido, la eternidad”, agregó.

Por su parte, Carlos Córdoba, egresado de la generación 2012, compartió los aportes en el desarrollo profesional que le otorgó su paso por la escuela ICF. “Cómo me ayudó a madurar y ser un mejor profesional el estar en la preparatoria y el trabajo que hacíamos ahí. Trabajar y estudiar al mismo tiempo en un ambiente cristiano, un ambiente donde tus docentes y compañeros de trabajo te ayudan a crecer, es un factor determinante para tu crecimiento y madurez”, dijo. Y como estos, muchos testimonios más se escucharon sobre la influencia de las actividades manuales, espirituales, la relación alumno-docente, y los aportes para la vida de cada miembro de la familia del ICF.

“A través de los años muchos maestros han dejado un legado de servicio, esfuerzo y compromiso que han sido una gran ejemplo para los estudiantes. Es nuestra misión en tiempos difíciles, mantener ese legado de educar no solo para esta vida sino para la eternidad”, concluyó Escobedo en el programa aniversario.