Fe y esfuerzo llevan a Giovanna Flores a estudiar Medicina en la Universidad de Montemorelos
A través del colportaje y la confianza en Dios logró sostener su carrera y cumplir el sueño de formarse como médico en la UM.
Giovanna Flores tiene 24 años y está por concluir el noveno semestre de Medicina en la Universidad de Montemorelos (UM). Su historia no es la de un camino sencillo, sino la de una joven que aprendió a depender absolutamente de Dios y a descubrir cómo la fe, unida al esfuerzo personal, abre puertas que parecen imposibles.
Desde pequeña soñó con estudiar en una universidad adventista. Creció en Coatzacoalcos, Veracruz, en un hogar donde, aunque por un tiempo sus padres se apartaron de la iglesia, nunca dejaron de enseñarles principios bíblicos. Su papá, un hombre convencido de que las cosas debían hacerse bien, les transmitió el amor por guardar el sábado y el deseo de formarse en colegios adventistas, aunque los recursos no siempre parecían suficientes. Ese legado marcaría la vida de Giovanna para siempre.

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Fue en la secundaria cuando tuvo claro que quería ser médico. Aunque de niña enfermaba con frecuencia y no le gustaba ir al hospital, al estudiar la Biblia descubrió cómo Jesús se acercaba a las personas a través de la salud, y sus discípulos siguieron ese ejemplo. Esa visión la llevó a soñar con sanar, no solo el cuerpo, sino también el espíritu de quienes sufren. “La carrera que podía darme esa oportunidad era Medicina, y desde entonces supe que era mi camino”, recuerda.
Pero alcanzar ese sueño no fue fácil. Al terminar la preparatoria, su familia no podía costear los estudios de Medicina en la UM ni en ninguna otra universidad privada. Intentó ingresar a una universidad pública, sin éxito, y durante la pandemia comenzó a estudiar Medicina en línea en Ciudad de México. La experiencia resultó dura, con profesores que cuestionaban su fe, la presión de las clases virtuales y, finalmente, la enfermedad de su familia por COVID-19. Su papá, quien siempre había sido un pilar, falleció durante ese proceso. Un golpe que la dejó sin fuerzas. “Después de su muerte, nada me importaba. Si no hubiera conocido a Dios, no sé qué habría sido de mí”, confiesa.
Sin embargo, en medio del dolor, Dios abrió un nuevo camino. Conocieron el testimonio de una madre y su hija que habían llegado a Montemorelos sin recursos y habían logrado salir adelante, graduándose las dos de una carrera universitaria en la UM. Esto encendió nuevamente la esperanza. Fue entonces cuando Giovanna decidió confiar y emprender la aventura y junto a su mamá y su hermana menor, llegaron a la UM en 2021.
El colportaje se convirtió en su principal herramienta para sostenerse. No fue fácil al inicio. Los temores, la inexperiencia y las primeras pérdidas la pusieron a prueba. Pero con cada desafío, Dios la sorprendía. Llegaron ventas inesperadas, apoyos de personas que ni siquiera conocía y la certeza de que no estaba sola. Con el tiempo, lo que parecía un recurso temporal se transformó en una escuela de vida. “Aprendí que el esfuerzo humano más el poder divino es igual a éxito. No importa si un día no vendo nada; Dios siempre recompensa el esfuerzo en el momento justo”, afirma.

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Este semestre, es el primero que Giovanna estudia con tranquilidad, libre de deudas y agradecida porque cada semestre fue cubierto a pesar de los obstáculos. Al mirar atrás, reconoce que su historia es un testimonio de la fidelidad de Dios y de cómo los sueños que parecen inalcanzables pueden cumplirse cuando se pone todo en Sus manos.
Su anhelo de servir como médico va más allá de un título, es la respuesta a un llamado que comenzó en su adolescencia y que hoy se fortalece con cada paso. “Estoy convencida de que Dios me trajo aquí con un propósito, y quiero ser un canal de bendición para otros, así como otros lo han sido para mí”.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






