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“Érase una vez” la historia de una mujer que encontró su pasión en la procuración de fondos

Érase una vez, en un pueblo mágico de Sinaloa llamado El Fuerte, una familia dedicada a trabajar para la Iglesia Adventista en diferentes lugares de México. Esa familia, fue bendecida con su segunda hija el 20 de enero de 1960, a la cual pusieron por nombre Alba, y en ella centraremos esta historia.

Alba Ruiz Lugo -a quien la mayoría conoce como “Albita”- dejó su hogar siendo una pequeña niña de 11 años, para estudiar la secundaria en un colegio de sostén propio en Rosario, Sonora. Tan pronto terminó, regresó a vivir a El Fuerte con sus padres y empezó a prepararse para ser contador privado en el Colegio Unión, un colegio administrado por la Iglesia Católica.

Luego de un año de estudios, decidió mudarse a la Región Citrícola del estado de Nuevo León para estudiar en la recién creada Universidad de Montemorelos. Pero, antes de eso, colportó en la Ciudad de México para conseguir los recursos y pagar sus estudios. Tres años pasaron rápidamente y, finalmente, en 1978 se graduó de Secretaria Técnica Contable con el Bachillerato en Ciencias Contables y Económicas.

Recién egresada, cuando la invitaron a ser parte del Departamento de Relaciones Públicas, nunca imaginó lo mucho que significaría en su vida… Su jefe, el Ptr. Mario Collins, estaba a unos años de convertirse en su suegro, y muchos años después, sería ese mismo departamento el que la vería trabajar incansablemente en pro de la misión de la Universidad de Montemorelos.

En junio de 1982, se comprometió “hasta que la muerte los separe” junto a Ekel E. Collins, quien era estudiante de Teología y fotógrafo en el departamento de Relaciones Públicas.

La Gerencia Administrativa, el departamento de cheques, la biblioteca y la hemeroteca, fueron algunos de los departamentos en los que Albita sirvió, hasta que hizo una pausa en su vida laboral para atender a su hijo Mario Collins Ruiz. Así fue hasta 1995, cuando retomó por completo el trabajo para la Universidad de Montemorelos, esta vez en Rectoría, en donde pudo desempeñarse como secretaria y luego como asistente administrativa.

En el 2007, Albita fue nombrada Directora de Desarrollo y Relaciones Públicas, así que fue ahí -bajo la misión de procurar fondos y ayudar estudiantes- donde encontró la pasión que la seguiría hasta el final de su carrera. En esta tarea desarrolló diversas campañas; una de ellas, “Unidos por la Educación”, que apoya a estudiantes graduandos que necesitan una pequeña ayuda final para concluir sus estudios. En el año 2020, logró juntar $2,318,283.50 pesos que servirán para ayudar a 77 estudiantes.

Además, logró establecer buena relación con una fundación que apoya a instituciones que trabajan en favor de la población más vulnerable y que se convirtió en un gran soporte para mejorar el servicio a la comunidad de la Universidad de Montemorelos. La fundación se ha comprometido a dar US $30,000 durante tres años consecutivos. Hasta la fecha, el aporte de esta fundación ha sido de aproximadamente US $325,000.

A pocos meses de retirarse, organizó la primer campaña virtual “MaratUM”, la cual reunió a egresados, padres de familia, estudiantes y amigos de la Universidad, para recordar momentos especiales, agradecer a Dios (a través de cantos, testimonios, videos y fotografías) y recaudar fondos para los estudiantes que más lo necesitan. Con esta iniciativa, y en tan sólo dos semanas, recaudó más de un millón de pesos con el que se apoyará a 40 estudiantes.

“Alba Collins es heredera de un legado adventista con una gran orientación misionera. Tuvo la virtud de poner su legado en el carril de servicio que Dios podía bendecir. Su orientación de servicio y su experiencia en el desarrollo de la institución, hicieron una gran contribución en la oficina de la rectoría, en donde tuve el privilegio de compartir la responsabilidad estratégica de la institución. Su trayectoria y su trato continuaron enriqueciendo las relaciones públicas y fortaleciendo la confianza de los egresados y las autoridades que patrocinan la institución y las autoridades civiles que nos apoyan.” Ismael Castillo, rector UM, quien trabajó directamente junto a ella los últimos 20 años.

Hoy, el último día laborable de enero, Albita comienza una nueva etapa en su vida, se retira del trabajo formal. Sin embargo, por su carácter inquieto y con la misma misión en su corazón, se ha comprometido a organizar a jubilados que quieran servir como voluntarios para seguir en la búsqueda de recursos que apoyen a estudiantes en la Universidad de Montemorelos.

Erase una vez, en un pueblo mágico de Sinaloa llamado El Fuerte, que nació una niña que trabajaría en pro de la educación adventista, consiguiendo recursos para que muchos estudiantes cumplieran su sueño…”

Brenda Cerón

Autor
Directora de Comunicación Institucional en la Universidad de Montemorelos.
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