El legado de Joel Sebastián en la Universidad de Montemorelos
El exvicerrector financiero concluye casi 49 años de servicio marcados por la prudencia, la fidelidad y la confianza en Dios.
A lo largo de los 84 años de historia de la Universidad de Montemorelos —53 de ellos con reconocimiento como universidad—, hay personas cuyas vidas se han entrelazado de manera excepcional con la historia institucional. El Maestro Joel Sebastián es una de ellas.
Llegó a Montemorelos en 1972 como un joven que aún no sabía con certeza qué carrera estudiar. En julio de 2026 concluyó casi 49 años de servicio, después de haberse desempeñado como estudiante, contador, docente, administrador hospitalario, director académico, director financiero y, desde 2008, vicerrector financiero.
A lo largo de su trayectoria, Sebastián dejó una huella marcada por la prudencia, la constancia, el sentido de responsabilidad y una profunda confianza en la providencia de Dios. Esa forma de servir orientó cada responsabilidad que asumió y cada proyecto en el que participó.
Del campo a Montemorelos
Originario de Juárez, Chiapas, Sebastián creció en un rancho cercano a esa población. Fue el mayor de siete hermanos en una familia dedicada al trabajo de la tierra.
Después de concluir la preparatoria en el Colegio Linda Vista, deseaba estudiar una carrera universitaria relacionada con las ciencias. Sin embargo, tuvo que permanecer un año en el rancho familiar, trabajando con el ganado y participando en las labores del campo.
Durante ese tiempo, la pequeña escuela de la iglesia de su comunidad se quedó sin maestra. Aunque era tímido, no tenía experiencia docente y evitaba hablar en público, aceptó hacerse cargo de uno de los grupos para que los niños no perdieran sus clases.
En aquella escuela, varios grados eran atendidos simultáneamente en un mismo salón. La experiencia se convirtió en su primer encuentro con la docencia y anticipó una vocación que años después desarrollaría ampliamente en la Universidad de Montemorelos.
Su padre solicitó información sobre la oferta educativa de Montemorelos y lo llevó personalmente para que continuara sus estudios. Al revisar las carreras disponibles, Sebastián encontró la de Contaduría Pública y Administración, que apenas comenzaba. Decidió inscribirse y pronto descubrió que disfrutaba la contabilidad y tenía facilidad para trabajar con los números.
Su llegada ocurrió en un momento decisivo. En 1972, Montemorelos se encontraba en vísperas de recibir el reconocimiento como universidad. De este modo, su formación y su vida profesional quedaron vinculadas desde el principio con una nueva etapa de la institución.
Contador, maestro y director
Al terminar la carrera y realizar su servicio social, fue invitado a llevar la nómina semanal de los trabajadores que construían las nuevas instalaciones universitarias. Buena parte del terreno que hoy ocupa el campus todavía era una huerta de naranjos y muchos de sus edificios apenas comenzaban a levantarse.
Cuando se creó una empresa constructora para administrar las obras, fue contratado como contador. Aunque también recibió una invitación para servir en Chiapas, decidió permanecer en Montemorelos. Aquella decisión definiría las siguientes décadas de su vida.
Su trabajo lo llevó a capacitarse en asuntos fiscales y tributarios. Esa preparación llamó la atención de quien había sido su maestra y entonces dirigía la Escuela de Contabilidad. Ella lo invitó a impartir la materia de impuestos. Así regresó al aula, esta vez como profesor universitario. Daba clases por la mañana y después continuaba su jornada en la constructora.
Más adelante sirvió en el Hospital La Carlota, primero como director de Personal y posteriormente como administrador general. Al mismo tiempo, continuó colaborando como docente.
Hacia 1985 fue invitado a dirigir la entonces Escuela de Contabilidad y Administración, responsabilidad que desempeñó durante cerca de veinte años. Bajo su dirección, la escuela se transformó en la Facultad de Ciencias Administrativas, hoy Facultad de Ciencias Empresariales y Jurídicas. Durante ese periodo se amplió la oferta académica y comenzaron a desarrollarse programas de posgrado en el área.
Fueron años de crecimiento y consolidación. La carrera de Contabilidad llegó a contar con una matrícula tan numerosa que algunos grupos debían dividirse entre dos salones. Detrás de esa expansión hubo una labor constante de actualización académica, integración de equipos docentes y acompañamiento a generaciones de estudiantes.
Administrar en tiempos difíciles
A principios de 2004, Joel Sebastián fue invitado a ocupar la Dirección Financiera de la universidad. Cuatro años más tarde asumió la Vicerrectoría Financiera.
Su llegada a la administración financiera abrió una etapa que demandó fortalecer los procesos, establecer prioridades y administrar los recursos con especial prudencia. Durante esos años, impulsó acciones orientadas a favorecer la estabilidad institucional y acompañar el desarrollo de la universidad.
Mediante un trabajo sostenido y la colaboración de distintas áreas, contribuyó a consolidar bases financieras para respaldar los proyectos académicos y las necesidades de la comunidad universitaria. Para Joel Sebastián, este proceso reafirmó la importancia de administrar con responsabilidad, visión de futuro y compromiso con la misión.
Administrar las finanzas de una institución educativa adventista, reconoce, no consiste únicamente en revisar presupuestos o controlar gastos. También implica considerar las necesidades de los estudiantes, el bienestar de los empleados, el crecimiento académico y la responsabilidad de preservar una institución al servicio de la Iglesia.
Detrás de cada cifra había personas, historias y decisiones que no siempre fueron sencillas.
Construir pensando en el futuro
Durante su gestión se impulsaron numerosos proyectos de infraestructura y modernización. Se mejoraron dormitorios, calles, andadores, espacios académicos, oficinas, áreas verdes y servicios fundamentales para la operación del campus. También se fortalecieron las instalaciones de Arte y Comunicación, el Conservatorio de Música, la biblioteca, el auditorio, el comedor y diversos espacios de enseñanza.
Algunas de las inversiones más importantes no siempre fueron visibles. La renovación de tuberías, redes de agua, infraestructura subterránea, sistemas contables y equipamiento tecnológico permitió responder a necesidades indispensables para el funcionamiento cotidiano de la universidad.
También se desarrollaron proyectos orientados a la sostenibilidad, entre ellos la instalación de paneles solares mediante un esquema financiado con los ahorros generados en el consumo de energía. Asimismo, la universidad fortaleció su patrimonio mediante la incorporación de terrenos recibidos en donación.
Estas acciones respondieron a una convicción que acompañó su gestión. Administrar con prudencia no significa permanecer inmóvil. En ocasiones, la responsabilidad también exige avanzar, invertir y construir pensando en las siguientes generaciones.
La fe detrás de las cifras
A lo largo de sus años en la administración financiera, Joel Sebastián fue testigo de las dificultades que enfrentaban muchos estudiantes para sostener sus estudios. En ocasiones tuvo que comunicar a algunos jóvenes que no podrían inscribirse hasta resolver sus compromisos financieros.
Para él, fueron decisiones dolorosas. Sin embargo, también vio regresar a estudiantes que, después de trabajar y encontrar nuevas oportunidades, pudieron pagar sus deudas y continuar su preparación. Algunos incluso volvieron para agradecerle aquella decisión que, en su momento, les había resultado tan difícil.
Experiencias como esas le recordaron que la administración financiera no puede separarse de la misión educativa ni de la confianza en Dios.
Cada inicio de curso traía consigo las mismas preguntas. ¿Llegarán los estudiantes? ¿Contarán con los recursos necesarios? ¿Podrá la universidad cumplir con sus responsabilidades? Al concluir el proceso de matrícula y revisar los informes, solía reconocer con gratitud: “Esto es lo que Dios nos envió”.
Los recursos no llegaron todos de una sola vez, sino conforme surgieron las necesidades. Para él, administrar fue aprender a hacer ajustes con responsabilidad y, al mismo tiempo, confiar en la dirección divina.
Un legado que permanece
Después de casi 49 años de servicio, resulta difícil separar la trayectoria de Sebastián de la historia reciente de la Universidad de Montemorelos. Fue estudiante cuando el campus todavía conservaba sus huertas; llevó la nómina de quienes construyeron algunos de sus edificios; formó profesionales desde el aula; dirigió una de sus facultades más numerosas y ayudó a sostener financieramente a la institución durante años decisivos.
Sin embargo, él prefiere expresar su legado así:
“Si al menos una persona pudo ver en mí un ejemplo, si alguien recibió alguna influencia positiva por mi testimonio o por mi manera de vivir, entonces valió la pena”.
Su vida fue dedicada al servicio para la Iglesia. Una vida que comenzó entre el campo chiapaneco y una pequeña escuela rural, que encontró en la contabilidad su profesión y en la educación su misión.
Los cargos cambian y nuevas generaciones toman la estafeta, pero la prudencia, la fidelidad y la fe con las que una persona realiza su trabajo pueden permanecer mucho después de haber concluido su responsabilidad.
Ese es el legado de Joel Sebastián, una vida que, durante casi medio siglo, ayudó a sostener la misión de Dios en la Universidad de Montemorelos.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






