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¿Sabías que las personas con discapacidad son los que más discriminación sufren? Tal vez pienses que nunca has discriminado a alguien con discapacidad, sin embargo la realidad es que ellos suelen ser rechazados en la vía pública, en el transporte público, sus oportunidades laborales son casi inexistentes y cuando llegan a conseguir trabajo, suelen estar en una situación vulnerable con respecto a la protección laboral y el tipo de empleo que ocupan; pero lo peor es que muchos suelen ser discriminados en su seno familiar.

La diversidad generalmente es apreciada, sobre todo en un país con tantas etnias, ecosistemas, lenguas y culturas como México, solemos percibirla como un regalo; sin embargo, al hablar de esta en el ámbito personal, ya sea por cuestiones como el género, religión, raza, etnia, ideología política, entre otras, nos enfrentamos a una realidad social que demanda un marco regulatorio tan sólido como funcional para garantizar los derechos fundamentales de todos sus destinatarios.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la discapacidad es un fenómeno complejo que refleja una interacción entre las características del organismo humano y las características de la sociedad en la que vive, esto incluye las deficiencias de alguna estructura o función corporal, las limitaciones de la actividad al ejecutar acciones o tareas y las restricciones de la participación. Por cierto que en México viven alrededor de 7.1 millones de personas con alguna discapacidad, lo que representa aproximadamente al 6% de la población total.

Se han realizado esfuerzos de orden tanto nacional como internacional al tratar la discriminación como un detonante de desigualdad, ejemplo de ello es el Convenio sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, ratificado por el Estado Mexicano en enero del 2008. Sin embargo, queda mucho camino que recorrer para llegar a la armonización de las leyes expedidas por los congresos de las entidades federativas y los tratados internacionales de los cuales México es parte, lo cual toma relevancia al momento de aplicar las normas en el ámbito local, ya que es esta la instancia primaria en la que los derechos de los grupos vulnerables pueden ser protegidos o afectados en el caso de la aplicación de una disposición discordante con el marco de los derechos humanos.

Un claro ejemplo de esto, es la figura jurídica de la interdicción, adoptada en el derecho civil mexicano, la cual consiste en la restricción de la capacidad de ejercicio de una persona presuntamente incapaz, por encontrarse disminuida o perturbada en su inteligencia o aquella persona que padezca alguna afección originada por enfermedad o alguna deficiencia de carácter físico, psicológico o sensorial.

El tratamiento legal que ofrece la ley para las personas con discapacidad consiste en imponerles un tutor que determinará cuál es su voluntad y a través de quien podrán ejercer sus derechos, es decir, los ejercerá de una manera indirecta. Bajo esta modalidad se deja a la persona con discapacidad desprovista de hacer valer por sí misma sus derechos, se le niega el reconocimiento de la personalidad, capacidad jurídica y el libre desarrollo de la personalidad, es decir, la facultad que tiene cada individuo para elegir autónomamente su forma de vivir, afectando directamente su dignidad personal.

Con esto no nos referimos solamente a una contrariedad entre el derecho interno y el derecho internacional, pues incluso la Constitución Política de los Estado Unidos Mexicanos en su artículo primero prohíbe la discriminación y textualmente hace mención a las discapacidades, esto hace que nos replanteemos más de un aspecto y recordemos la jerarquía de las leyes para solucionar este tipo de controversias, sabemos que la Constitución es la ley suprema de la nación junto a los tratados internacionales, así pues toda interpretación de las normas serán en arreglo a estas favoreciendo en todo tiempo a las personas para brindar una protección más amplia.

Hoy se conmemora la proclamación de la Declaración Universal de Derechos humanos como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción.

En este importante documento encontramos expresados ideales, valores y bienes jurídicos con los que estamos bastante familiarizados, tales como la justicia, la libertad, la paz e igualdad. Sin embargo, el hecho de que se hable de ellos formalmente desde 1948, no necesariamente significa que como sociedad los hayamos alcanzado ya.

Uno de los derechos contemplados en los artículos 1° y 7° de la declaración es la igualdad en relación con la no discriminación. Sin duda podríamos encontrar escenarios en los que trabajar para mejorar las condiciones de igualdad en nuestro contexto cotidiano: el acceso a la educación, las condiciones laborales, los roles familiares, entre otros.

Hoy que se conmemora la proclamación universal de los Derechos Humanos, consideremos la discapacidad en el ámbito no solo de las limitaciones personales sino también en el contexto social en el que las personas con discapacidad actúan, que podamos plantearnos qué tanto contribuimos a la protección de sus derechos. Creo que nuestros valores sociales deben materializarse en puestos laborales inclusivos, instalaciones accesibles, respeto y empatía; pero, sobre todo, debemos privilegiar la dignidad personal. Debemos integrar a nuestra cultura la apreciación por la diversidad humana y comprender que no hay ningún problema en las personas con discapacidad, sino, en el entorno que se ha construido sin tomarlos en cuenta. Fomentemos el respeto propio, el respeto a la dignidad del hombre en su calidad de tal, y la consideración hacia todo miembro de la gran confraternidad humana.

Más allá de cualquier declaración universal, vayamos a lo que como cristianos consideramos la fuente de la verdad, y recordemos las palabras que Jesús pronunció cuando le preguntaron sobre el gran mandamiento en la ley: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Cuando amamos a Dios de esa manera, actuaremos en consecuencia con nuestro prójimo.