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Cuatro disciplinas para convertir la planeación estratégica en resultados

El Dr. Egar Castillo, directivo de ADRA Internacional, compartió con estudiantes de posgrado de la Universidad de Montemorelos herramientas para ejecutar planes estratégicos sin perder de vista la misión ni las prioridades de la organización.

El Dr. Edgar Castillo, director de desarrollo de socios locales de la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales, durante la charla con los alumnos de posgrado de la Facultad de Ciencias Empresariales y Jurídicas de la Universidad de Montemorelos. Fotografía por: Universidad de Montemorelos / Lisandra Vicente.
El Dr. Edgar Castillo, director de desarrollo de socios locales de la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales, durante la charla con los alumnos de posgrado de la Facultad de Ciencias Empresariales y Jurídicas de la Universidad de Montemorelos. Fotografía por: Universidad de Montemorelos / Lisandra Vicente.

Los planes estratégicos pueden definir con claridad el rumbo de una organización y, aun así, quedarse archivados. Para el Dr. Edgar Castillo, director de desarrollo de socios locales de la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales – ADRA Internacional– una razón es que las organizaciones suelen capacitarse para diseñar planes, pero no siempre para ejecutarlos.

“Casi nunca recibimos capacitación sobre cómo ejecutar esos planes”, señaló durante una reciente charla con alumnos de posgrado de la Facultad de Ciencias Empresariales y Jurídicas de la Universidad de Montemorelos (UM). Su exposición abordó la relación entre misión, liderazgo y planeación estratégica, y presentó cuatro disciplinas para llevar las metas a la práctica.

Castillo explicó que un plan estratégico efectivo debe vincularse con la misión de la organización y traducirse en acciones que puedan realizarse y ajustarse a las circunstancias. También requiere la participación de las personas responsables de ejecutarlo. En ese sentido, dijo, la forma en que se elabora y se pone en marcha un plan puede reflejar las prioridades y el estilo de liderazgo de una institución.

Como ejemplo de planeación en contextos diversos, describió el marco estratégico de ADRA, una red con oficinas en alrededor de 120 países. En lugar de establecer un único plan para todos, la organización creó un marco común para que cada país desarrollara el suyo, de acuerdo con sus necesidades y contexto.

Cuatro disciplinas para sostener la ejecución

La parte práctica de la charla se centró en las cuatro disciplinas de ejecución. Castillo las presentó como herramientas para reducir la distancia entre los objetivos acordados y el trabajo cotidiano.

1. Elegir las metas crucialmente importantes. La primera disciplina consiste en limitar las prioridades. Cuando un plan reúne demasiados objetivos, los recursos y la atención del equipo pueden dispersarse. Castillo recomendó concentrarse en una o dos metas principales —y no más de tres— para que las personas sepan qué resultados requieren mayor esfuerzo.

2. Actuar sobre medidas de predicción. En vez de observar únicamente los resultados finales, esta disciplina propone dar seguimiento a las acciones que pueden influir en ellos. Si una institución busca aumentar la cantidad de artículos científicos publicados, por ejemplo, puede revisar cuántos borradores recibe cada mes o qué apoyos ofrece a los estudiantes para publicar. Esas acciones no garantizan por sí solas el resultado, pero permiten monitorear el trabajo que puede contribuir a alcanzarlo.

3. Mantener un tablero de resultados visible. Un tablero sencillo y accesible ayuda al equipo a saber si está avanzando. Puede ser físico o virtual, siempre que muestre información útil para las personas que participan en el proceso. Para Castillo, compartir los datos favorece la transparencia y permite que cada integrante reconozca cómo contribuye a las metas comunes.

4. Establecer una cadencia de rendición de cuentas. La última disciplina consiste en revisar los compromisos con regularidad. El ponente sugirió reuniones semanales breves para que cada persona informe qué hizo, qué hará y qué quedó pendiente. La finalidad es dar continuidad al trabajo y facilitar conversaciones transparentes sobre los avances y las dificultades.

Castillo señaló que estas disciplinas ayudan a enfrentar los “torbellinos”: las urgencias y tareas imprevistas que forman parte de la jornada y pueden desplazar las prioridades de largo plazo. No se trata de ignorarlas, explicó, sino de sostener espacios para revisar las metas aun cuando surjan otras demandas.

La ejecución también exige considerar las diferencias culturales, añadió. Una metodología puede necesitar ajustes según las personas y el contexto en que se aplica. Por eso, antes de implementar una estrategia, recomendó comprender cómo trabaja cada equipo y qué factores influyen en la organización.

Al cierre, Castillo destacó la importancia de concentrar los esfuerzos: “Cuanto más claros seamos respecto a aquello por lo que queremos ser reconocidos, mayores serán nuestras posibilidades de concentrar los recursos y alcanzar resultados”.

Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.

Laura Marrero

Autor
Coordinadora de Periodismo Institucional en la Universidad de Montemorelos.
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