Compasión en Acción lleva esperanza a familias afectadas por las inundaciones en Veracruz
Voluntarios de la Universidad de Montemorelos y el Hospital La Carlota brindan atención médica, limpieza y consuelo a comunidades devastadas por las lluvias en el norte del estado.
El olor a humedad y lodo todavía impregna las calles de Poza Rica. Entre escombros y muros ennegrecidos por el agua, frente a lo que antes era su sala, Estela Cruz, madre soltera de tres hijos, remueve con las manos lo poco que quedó tras las inundaciones del 10 de octubre, cuando el agua cubrió su casa casi por completo. “Perdimos todo — cuenta con voz entrecortada — , pero gracias a los jóvenes que vinieron, hoy siento que Dios no nos ha dejado solos”. Como ella, cientos de familias en el norte de Veracruz intentan levantarse después que las intensas lluvias e inundaciones dejaran decenas de muertos y cientos de viviendas destruidas en comunidades enteras.
Ante la magnitud de la tragedia, la Universidad de Montemorelos, el Hospital La Carlota y diversas agrupaciones estudiantiles impulsaron la brigada “Compasión en Acción Veracruz”, un operativo compuesto por exalumnos, empleados, profesionales de la salud, miembros del Cuerpo de Rescate y Ayuda Humanitaria (CRAH) y del grupo misionero Jóvenes Adventistas Misioneros (JAM).
Cerca de 60 voluntarios emprendieron el viaje hacia Poza Rica y localidades vecinas como El Higo y Montes de Oca, con el propósito de brindar ayuda humanitaria, atención médica y apoyo en la limpieza y restauración de hogares. Durante varios días, el equipo recorrió comunidades donde el agua y el lodo alcanzaron más de un metro de altura.
Julio César Peraza, estudiante de Medicina y director del Cuerpo de Rescate, explicó que para abarcar la mayor cantidad de viviendas posibles se dividieron en cuatro brigadas, y así lograron, hasta el día del cierre del operativo, la limpieza de 31 casas. Peraza recordó el cansancio y la carga emocional que supuso esta labor, pero también la gratificación al ver la diferencia que hacía cada casa restaurada.
Además de tareas de limpieza y entrega de víveres, la respuesta sanitaria y comunitaria fue integral. Según el Ptr. Luis Hernández, docente de la Facultad de Ciencias de la Salud y coordinador del Sistema de Comando de Incidentes para esta brigada, el equipo incluyó médicos, enfermeras y especialistas que atendieron a decenas de personas afectadas por infecciones, golpes y cuadros respiratorios, entre otras afecciones. También hubo personal de apoyo en logística, seguridad y alimentación. “Gracias a Dios logramos atender alrededor de 531 consultas médicas en medicina general y otras especialidades, además de brindar atención psicológica mediante primeros auxilios emocionales”. Las brigadas ofrecieron servicios de farmacia, enfermería, medicina general, ginecología, pediatría, psicología y odontología, además de trabajos de limpieza y restauración en viviendas.
Los relatos de los voluntarios ponen rostro al esfuerzo. Jhonatan Ibarra, cirujano dentista y miembro del grupo JAM, compartió que muchas familias se sentían olvidadas y que la presencia del equipo llevó alivio y gratitud: “Había gente que incluso se ponía a llorar… El hecho de que llegáramos hasta ellos era una completa bendición”. Saúl Zamora, también cirujano dentista del CRAH, describió el trabajo de limpieza y la entrega de kits en hogares donde el barro alcanzaba casi la rodilla: “Esa experiencia me dejó una gran enseñanza y un profundo impacto”.
Los testimonios de las personas beneficiadas reflejan la dimensión humana de la tragedia y de la ayuda. Dulce Huesca, habitante de la colonia Quebradora, relató que el agua subió hasta la mitad del segundo piso y que su techo colapsó por el peso del lodo. Contó cómo la brigada no solo limpió, sino que también ofreció alojamiento, comida y apoyo emocional, “nos han apoyado muchos hermanos desde el primer día… Gracias a Dios hemos sido muy bendecidos”.
Hay historias que estremecen. María Pérez, de 59 años, narró cómo la crecida la sorprendió a las cuatro de la madrugada y cómo la llegada de los voluntarios marcó una diferencia, “esta bendición que me cayó del cielo… ya limpiaron mi casa, esta bendición no la tuve nunca”. Y Cruz Imelda, quien perdió a varios familiares en la tragedia, resumió el consuelo que representó la brigada, “el regalo más grande no son las cosas, sino sentir que no estamos solos”.
La dirección de la Iglesia Adventista local también agradeció la intervención. El Ptr. Enrique Sánchez, secretario ejecutivo de la Asociación Norte de Veracruz, reconoció el apoyo institucional y la entrega de los voluntarios, “hemos sido bendecidos por este grupo de jóvenes voluntarios, médicos y empleados… Fueron ellos quienes se ofrecieron a venir con este equipo médico, y estamos profundamente agradecidos por esta iniciativa”. Sánchez subrayó que la ayuda benefició no solo a miembros de la iglesia, sino también a vecinos que aún no habían recibido atención.
Para el Mtro. Primitivo Sánchez, director de Recursos Humanos de la Universidad de Montemorelos y uno de los organizadores de la brigada, esta fue una experiencia formativa y espiritual para los jóvenes. “Esta brigada surgió a raíz de las inundaciones… todos con el mismo propósito de llevar alivio y esperanza a quienes más lo necesitan. Voluntarios comprometidos en servir con el corazón”. Primitivo destacó que, además de la atención material, surgieron “nuevas relaciones fuertes, sólidas y con proyecciones eternas” entre voluntarios y comunidades.
Hoy, mientras el sol vuelve a brillar sobre las calles de Poza Rica, la señora Cruz Imelda sigue reconstruyendo lo que el agua se llevó. Su casa, cubierta de lodo hasta las ventanas, quedó vacía y silenciosa por días, hasta que los jóvenes voluntarios llegaron con palas, víveres y palabras de consuelo. “Pensé que nadie vendría — cuenta con nostalgia — , pero ellos aparecieron justo cuando más lo necesitábamos. No sólo limpiaron mi casa, también me levantaron el ánimo luego de perder a mi hija, mi yerno y mi nieto por la inundación”. Su historia, como la de muchos en el norte de Veracruz, recuerda que en medio de la pérdida, la empatía puede levantar muros más fuertes que los que se derrumbaron.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






