Canvassing fortalece el colportaje universitario de la UM
Esta modalidad combina acompañamiento, formación espiritual y trabajo en equipo para ayudar a estudiantes a financiar sus estudios mientras comparten esperanza en distintas ciudades de México.
Estefanía Sotero estaba frente a un escenario que le resultaba nuevo. Acercarse a desconocidos en el estacionamiento de una plaza de Tijuana para presentarles las revistas con las que buscaba reunir recursos para sus estudios. La estudiante de séptimo semestre de Cirujano Dentista reconoció que sentía miedo y que iniciar una conversación le costaba. Antes de continuar, se detuvo a orar.
“Antes de encontrarlos tuve un momento con Dios para decirle que me ayudara. Yo sabía que Él podía hacer mucho en cuestión de minutos”, recordó. Poco después conversó con una pareja, les explicó quién era y por qué estaba colportando. El encuentro terminó con una oración y con el ofrecimiento de apoyarla económicamente. Desde entonces mantienen el contacto. “A la fecha, esta familia es como si fueran mis abuelos. Me siguen apoyando porque quieren verme convertirme en odontóloga”.
Experiencias como esta han surgido en Canvassing, una modalidad de colportaje que la Universidad de Montemorelos (UM) incorporó durante las vacaciones de diciembre de 2025, a partir de un formato utilizado en Estados Unidos. La iniciativa se suma al programa de colportaje universitario EmprendUM. Su propósito es ofrecer otra alternativa a jóvenes que desean probar una dinámica distinta o que requieren un acompañamiento más cercano para vencer la timidez y el desánimo.
La primera jornada se desarrolló en diciembre durante aproximadamente cinco semanas en Monterrey, Nuevo León, con cerca de 22 colportores. En el verano de 2026, además de Monterrey, el modelo se extendió a Guadalajara y Tijuana. También se ha aplicado durante el semestre en las salidas dominicales de los estudiantes.
Luis Tapia, egresado de Enfermería y líder de Canvassing México, propuso adaptar el formato después de conocer las dificultades que algunos jóvenes enfrentaban al colportar. Explicó que la diferencia principal está en el seguimiento cotidiano. Los estudiantes viven y trabajan en grupos acompañados por líderes, reciben capacitación, transporte a sus territorios, desayuno, agua y refrigerios. Durante la primera parte de la jornada, quienes tienen menos experiencia trabajan junto a alguien que ya conoce la dinámica.
“El propósito de esta modalidad es brindar crecimiento físico, espiritual y social, que alcancen sus metas financieras y que podamos brindar un cuidado integral mediante la capacitación y, especialmente, el acompañamiento”, señaló Tapia.
Canvassing lleva a los estudiantes a estacionamientos, autolavados, comercios y otros espacios públicos de ciudades grandes. Allí se presentan como universitarios, ofrecen revistas y explican que buscan financiar sus estudios. Al concluir la conversación, independientemente de que la persona adquiera o no el material, explica Tapia, los jóvenes ofrecen orar por ella y le comparten opciones como estudios bíblicos, clases de cocina o actividades infantiles. Los datos de quienes manifiestan interés se entregan a las diferentes oficinas de la iglesia adventista locales para su seguimiento.
De acuerdo con Tapia, durante la primera temporada en Monterrey se registraron más de 350 solicitudes de estudios bíblicos. En el verano, los equipos reportaron la distribución de alrededor de 18 mil revistas y otras decenas de intereses en estudios bíblicos. Los grupos reunieron habitualmente entre 15 y 22 estudiantes por sede.
La expansión también exigió preparar nuevos líderes. El equipo pasó de cuatro responsables en el invierno a 13 durante el verano. Varios habían participado meses antes como colportores y posteriormente asumieron tareas de acompañamiento, logística y capacitación.
Uno de ellos fue Álvaro Ico, egresado de Teología en mayo de 2026, quien permaneció un tiempo más en México para saldar una deuda universitaria antes de atender su llamado pastoral en Guatemala. Durante el verano dirigió el grupo de Tijuana, integrado por alrededor de 16 jóvenes y otros tres líderes. El equipo vivió en una iglesia y distribuyó las responsabilidades de cocina, limpieza, contabilidad y organización de las revistas antes de salir a trabajar cada día.
Ico afirmó que la convivencia demandó esfuerzo y atención constante. Los líderes trasladaban a los estudiantes, resguardaban y depositaban semanalmente los recursos obtenidos, atendían las dificultades emocionales del grupo y organizaban los espacios devocionales.
“Siempre hay momentos difíciles y necesitan crear una red de apoyo. Entonces, el grupo se convierte en esa red, porque estamos todos juntos y nos ayudamos entre nosotros”.
El acompañamiento también ha permitido que algunos estudiantes participen por periodos definidos y los alternen con sus prácticas profesionales. Esta flexibilidad fue especialmente útil para alumnos de Medicina durante el verano, de acuerdo con la coordinación del programa.
Para Mallory Ortiz, estudiante de primer semestre de Odontología, la experiencia comenzó como una alternativa para financiar su carrera y terminó por fortalecer su capacidad para relacionarse con otras personas. Antes de ingresar a la UM se consideraba demasiado tímida para colportar. Después de participar en el formato tradicional, se integró al primer equipo de Canvassing como líder en formación y más tarde asumió la dirección de un grupo durante el verano.
Uno de sus encuentros ocurrió en un estacionamiento, donde conversó con un hombre que había perdido a su esposa y no quería permanecer en casa por la soledad que sentía. Después de escucharlo y orar con él, Mallory recibió el ofrecimiento de apoyo para sus gastos universitarios.
La experiencia le permitió comprender que cada conversación puede responder a una necesidad distinta. “El colportaje comenzó para mí como una forma de pagar mi carrera, pero terminó enseñándome que también puedo llevar esperanza a personas que necesitan escuchar de Dios”.
Por su parte, Estefanía coincide en que el valor del programa se encuentra tanto en el esfuerzo personal como en la cercanía que se construye. Para ella, avanzar pese al temor, convivir con el grupo y aprender a escuchar han sido parte de su formación.
“Escuchar a las personas antes de compartir un mensaje me ha enseñado que Dios nos da la oportunidad de saber qué decir, aun cuando es un mal momento para ellas”, concluyó.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






