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Alas de fe: la inspiradora historia de Keren

La vida misionera de una científica.

Keren Quetz Pérez, egresada de la carrera Químico Clínico Biólogo. Fotografía por: Keren Quetz.
Keren Quetz Pérez, egresada de la carrera Químico Clínico Biólogo. Fotografía por: Keren Quetz.

El zumbido constante del pequeño avión se vio abruptamente interrumpido por un foco rojo parpadeante en el tablero. Keren (egresada de Químico Clínico Biólogo de la Universidad de Montemorelos), convertida en misionera, sobrevolaba Nicaragua -en el trayecto de regreso a Belice-, después de una intensa temporada de servicio en Bolivia, cuando el piloto compartió la cruda realidad: problemas en el único motor de la aeronave; dejándolos completamente en las manos de Dios.

Esta escena en los cielos es solo un capítulo de la vida de Keren Quetz Pérez, una historia que comenzó en el 2015, cuando recordó una promesa de su niñez y decidió cumplirla, embarcándose en una vida de servicio misionero.

Después de prepararse en Belice, su primera parada fue Bolivia. Keren, sin experiencia previa en misiones, se encontró con desafíos que la ciudad no logró prepararla para enfrentar. Desde la falta de comodidades y artículos de higiene básicos, hasta la convivencia con murciélagos y sapos, Bolivia se convirtió en el crisol de su transformación espiritual. Enseñó química y biología a jóvenes aparentemente indiferentes y aprendió a pedir a Dios incluso por las necesidades más básicas.

De izquierda a derecha, Keila Valenzuela, egresada de Educación Preescolar de la UM y Keren Quetz Pérez, junto a otras dos misioneras con las que han compartido viajes misioneros. Fotografía por: Keren Quetz.
De izquierda a derecha, Keila Valenzuela, egresada de Educación Preescolar de la UM y Keren Quetz Pérez, junto a otras dos misioneras con las que han compartido viajes misioneros. Fotografía por: Keren Quetz.

De vuelta hacia Belice en 2017, Keren vivió una experiencia que transformó su vida. La avioneta que transportaba a los misioneros estaba gravemente averiada, pero guiada por ángeles, lograron aterrizar. Sin embargo, al tocar tierra, el motor se apagó y nunca volvió a encenderse. Más tarde, los mecánicos confirmaron un milagro: el motor estaba completamente inservible y era imposible que alguna aeronave hubiera podido volar con ese motor, revelando una intervención divina que salvó y transformó vidas.

Comprometida con su labor en Belice, Keren renovó su compromiso con Dios y sirvió por varios años, preparando a más misioneros para salir al campo. Sin embargo, en el 2020, su trayectoria la llevó una vez más a otro destino: Colombia, donde se sumergió en la Escuela Misionera SILO, trabajando en distintas áreas, incluida su mayor responsabilidad en la dirección del proyecto en educación.

En el Instituto Misionero de Enfermería SILO, Keren contribuyó al entrenamiento de la primera generación de enfermeros misioneros. Luego de su tiempo en Bolivia, cuatro años en Belice y dos en Colombia, su historia continúa, marcada por la fe, el liderazgo cristiano y un compromiso indeleble con la misión, pero esta vez sumándole un compañero de misión.

Pronto, compartiremos el siguiente capítulo de su increíble jornada misionera.

Fuente: Keren Quetz, reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Dámaris Salazar.

Brenda Cerón

Autor
Directora de Comunicación Institucional en la Universidad de Montemorelos.
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