¿Puede la inteligencia artificial tener valores?
Académica de la Universidad de Montemorelos aborda los desafíos éticos de la IA y su impacto en las relaciones humanas durante el Encuentro Mundial de Valores.
La inteligencia artificial ya está en el salón de clases, en la casa y en las decisiones diarias. Ayuda a aprender, a resolver problemas y a organizar tareas. Pero su presencia también abre preguntas incómodas como: ¿qué pasa con la autonomía?, ¿qué lugar ocupan las relaciones humanas?, ¿quién responde cuando algo falla? De ahí partió la conferencia de la Dra. Flor Ontiveros en el Encuentro Mundial de Valores, celebrado en Monterrey, Nuevo León.
Ontiveros es investigadora de la Facultad de Ciencias Empresariales y Jurídicas de la Universidad de Montemorelos (UM) y dirige el Centro de Investigación e Innovación para el Desarrollo Empresarial y Corporativo de la misma Facultad. Habló desde una perspectiva cristiana adventista, pero su planteamiento central trasciende ese marco, la dignidad de una persona no se mide por lo que produce.
El valor de una persona no está en su productividad
Ese fue uno de los ejes de su intervención. Desde la lectura bíblica que propuso —Génesis 1:26-27—, la dignidad humana se sostiene en que las personas fueron creadas a imagen de Dios, no en su capacidad para procesar información o tomar decisiones. La distinción importa, porque la tecnología puede ampliar capacidades, pero no define el valor de quien la usa.
Ontiveros también advirtió sobre el riesgo concreto de una dependencia emocional de herramientas digitales, sobre todo de tecnologías humanoides. Cuando alguien recurre a ellas para cubrir necesidades afectivas, dijo, vale la pena preguntarse qué lugar quedan ocupando las relaciones humanas y qué capacidades de interacción se van desplazando.
Familia, crianza y convivencia
El uso de la IA en la educación, la crianza y la vida familiar fue otro de los temas que abordó. Para desarrollarlo retomó Éxodo 20:12 —honrar a los padres— y Salmos 127:3, donde los hijos aparecen como herencia y bendición. Con esos pasajes como base, planteó la responsabilidad de reconocer y cuidar los vínculos familiares.
Argumentó que una herramienta digital puede facilitar muchas tareas, pero una relación humana exige presencia, compromiso y cuidado. La pregunta, entonces, es cuándo la tecnología ayuda y cuándo empieza a sustituir espacios de convivencia que deberían ser humanos.
Innovar también exige criterios éticos
Ontiveros mencionó iniciativas internacionales para promover un desarrollo responsable de la IA, como la Recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial de la UNESCO. Su punto es que la innovación necesita principios éticos que la orienten, porque una solución eficiente no siempre contribuye al bienestar humano.
Al abordar la relación entre la fe y el progreso científico, Ontiveros señaló que creer no significa rechazar los avances tecnológicos, sino contar con principios que orienten su uso y permitan establecer límites. En este sentido, destacó que el conocimiento y la innovación deben estar al servicio de la vida y del bienestar de las personas.
Al cerrar, recordó que la responsabilidad de decidir cómo usar estas tecnologías sigue siendo humana. "La IA puede aumentar nuestras capacidades, pero no debe disminuir nuestra humanidad", expresó. Y dejó una pregunta para el auditorio: ante cada nuevo avance, no basta con preguntar si podemos usarlo, sino si su uso contribuye a una sociedad más justa, responsable y humana.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






