Misioneros internacionales amplían la labor comunitaria de la UM
Cerca de 90 voluntarios de siete países se sumaron al trabajo de la Universidad de Montemorelos y las iglesias locales con acciones que beneficiaron a más de 7800 personas.
En Bugambilias, habitantes de la colonia recibieron atención médica y participaron en la plantación de árboles en el parque. En Los Azahares, aproximadamente 110 niños asistieron a una escuela bíblica de vacaciones. En un centro de rehabilitación, 43 personas y sus familias fueron beneficiadas con servicios de salud y con el mejoramiento del espacio donde se reúnen. En otras comunidades se limpiaron parques, se pintaron escuelas y viviendas, se entregaron despensas y se acompañó a personas mayores.
Estas acciones, realizadas entre el 11 de julio y el 1 de agosto de 2026, dieron continuidad al trabajo que voluntarios misioneros de la Universidad de Montemorelos (UM) e iglesias locales desarrollan desde 2019 en distintas localidades de Montemorelos y sus alrededores. Para este proyecto especial de tres semanas, contaron con el apoyo de ASI Mission 2000 & Beyond, un movimiento misionero internacional.
Cerca de 90 voluntarios provenientes de Barbados, Trinidad y Tobago, Guyana, Santa Lucía, Belice, Colombia y Jamaica viajaron a México para trabajar junto con misioneros locales en una decena de comunidades y espacios de servicio.
Después de varios años de planeación, en enero de 2026 comenzaron las reuniones de organización con representantes del movimiento, la capacitación de líderes y las visitas a las comunidades. En abril, los representantes del proyecto recorrieron cada lugar para identificar necesidades y definir las acciones.
“Cuando regresamos a nuestro país, queremos que la obra continúe; por eso no venimos a hacer algo para México, sino junto con los mexicanos”, explicó el pastor Emerick Ángela, coordinador y secretario de ASI en la Conferencia de las Antillas Holandesas.
Tres semanas para atender necesidades diferentes
La primera semana estuvo enfocada en brigadas de salud, visitas y servicio comunitario. Las dos siguientes incluyeron escuelas bíblicas infantiles, programas para padres, campañas evangelísticas y otras actividades de acompañamiento.
De acuerdo con los datos finales proporcionados por el Mtro. Felipe Angarita, los proyectos comunitarios beneficiaron a poco más de 7800 personas y las brigadas de salud atendieron a más de 400. Angarita es docente de la Facultad de Ciencias Empresariales y Jurídicas de la UM y formó parte de la coordinación general.
En total se realizaron once brigadas, algunas durante varios días y otras en una sola jornada intensiva. Los servicios incluyeron odontología, oftalmología, optometría, medicina general, psicología, fisioterapia, nutrición y orientación sobre estilo de vida.
Las actividades comunitarias comprendieron limpieza y rehabilitación de parques, pintura de escuelas y viviendas, plantación de árboles, entrega de ropa y despensas, apoyo a personas mayores y mejoramiento de espacios de reunión.
“Cada lugar tuvo su propio proyecto de acuerdo con las necesidades de la comunidad”, señaló Ángela.
En Bugambilias, por ejemplo, los voluntarios plantaron árboles en el parque y ofrecieron servicios de oftalmología, optometría, enfermería, medicina general, odontología, psicología y nutrición. Durante las dos semanas posteriores realizaron actividades para niños, reuniones evangelísticas y entrega de ropa.
La Dra. Rocío Ortega, líder local que trabaja para establecer una filial de la Iglesia Adventista en esa colonia, explicó que la llegada de los visitantes fortaleció una labor que apenas comenzaba a consolidarse.
“Realmente estas tres semanas han sido una bendición, porque ya estábamos aquí trabajando y nos informaron que llegaban ellos. Para nosotros ha sido de gran bendición unirnos porque tenemos el mismo objetivo y la misma misión”.
En Los Azahares, además de una brigada médica y del mejoramiento de parques y juegos infantiles, se llevó a cabo una semana de evangelismo para adultos. La última semana concluyó con una escuela bíblica de vacaciones a la que asistieron aproximadamente 110 niños.
Arlet Hernández, estudiante de la licenciatura en Cirujano Dentista en la UM y directora de las actividades infantiles, destacó el esfuerzo realizado por los visitantes para comunicarse con las familias.
“Me parece algo muy bueno que todos estos misioneros hayan venido. Aunque sin duda el idioma es un reto para ellos, están dispuestos a servir y ayudar”.
En las localidades de Yerbaniz, Palo Seco, El Consuelo y El Coronel se ofrecieron servicios de odontología, oftalmología y medicina general, además de actividades de limpieza y ayuda comunitaria. Para los niños se prepararon historias bíblicas, títeres, presentaciones musicales y juegos.
Un espacio más digno para continuar la rehabilitación
Uno de los proyectos se desarrolló en un centro de rehabilitación, donde 43 personas y sus familias recibieron servicios de salud. Los voluntarios también pintaron el espacio de reuniones, instalaron iluminación, repararon los equipos de aire acondicionado, entregaron alimentos y artículos personales e iniciaron la elaboración de un mural.
Durante su estancia, el equipo compartió momentos de reflexión y estudio de la Biblia con los residentes.
Iris Tenet, misionera jamaiquina y autora del mural, explicó que concibió la obra para aportar un mensaje de vida al entorno cotidiano de quienes atraviesan un proceso de rehabilitación.
“Creo que este mural representa la vida. Me inspiré en la creación de Dios, especialmente en el Jardín del Edén, donde las plantas reflejan belleza, esperanza y amor. La idea es compartir un espacio de creación para las personas que se encuentran en este centro de rehabilitación, brindándoles un lugar que transmita vida”.
La experiencia tuvo un significado particular para Shimue Harriott, profesor de español en Jamaica y líder de uno de los equipos misioneros. Harriott explicó que, antes de convertirse en misionero, también enfrentó distintas adicciones.
“Esos jóvenes y adultos habían recorrido un camino muy largo de drogas y adicción. Sin embargo, también confirmé que todavía hay esperanza. Así como Jesús cambió mi vida, también puede cambiar la vida de cualquier persona”.
El trabajo comenzó antes de la llegada de los visitantes
La movilización internacional amplió durante tres semanas una labor comunitaria cuyos antecedentes se remontan a 2019. Ese año, la familia del Lic. Emiliano Argüello, coordinador del Centro de Simulación de la UM, comenzó a visitar localidades cercanas para desarrollar actividades con niños. Posteriormente organizaron una brigada médica en la comunidad El Toro.
Durante 2020 y 2021, mientras los templos permanecían cerrados por la pandemia, el equipo aumentó la frecuencia de sus visitas. Además de organizar actividades infantiles, recorría las viviendas para identificar necesidades de salud física, salud mental y atención familiar.
Argüello, quien entonces se desempeñaba como coordinador de la Licenciatura en Enfermería de la UM, brindaba orientación en salud y canalizaba los casos que requerían atención. Su esposa, trabajadora social, apoyaba a las familias en asuntos sociales y de salud mental. Con el tiempo se sumaron docentes, profesionales, estudiantes y otros voluntarios.
A finales de 2021, el grupo se constituyó como congregación Maranatha y posteriormente llegó a ser iglesia. Desde El Toro, el trabajo se extendió hacia Palo Seco, Yerbaniz, Caleras, La Estrella, Loma Alta y Rancho El Consuelo, entre otros lugares.
“Actualmente, una de las principales actividades es la visitación comunitaria. Si se detecta alguna necesidad, se atiende de manera específica”, explicó Argüello. “El seguimiento consiste en mantenerse cerca de las personas, visitarlas cuando están enfermas y acompañarlas en sus necesidades. Con el tiempo se generan relaciones de confianza y amistad dentro de las comunidades”.
Estudiantes y docentes se incorporan al servicio
A esta labor se sumaron ministerios juveniles de la UM, como Jóvenes Adventistas Misioneros y SMILES, así como estudiantes y profesores de Enfermería, Medicina y Odontología.
Varias comunidades se convirtieron también en espacios de formación práctica. En La Estrella, por ejemplo, estudiantes de octavo semestre de Enfermería permanecieron durante un mes brindando atención domiciliaria, impartiendo charlas en escuelas y visitando a los habitantes.
Con el crecimiento del trabajo se impulsó REDES —Red de Educación, Desarrollo, Esperanza y Salud—, una iniciativa destinada a conectar ministerios, iglesias, instituciones, empresas y profesionales, además de facilitar transporte, herramientas y otros recursos para los proyectos comunitarios.
Entre quienes han sostenido el esfuerzo se encuentran las familias del Lic Emiliano Argüello, del pastor Victor Garay y del empresario Jesús Vega.
La actividad del verano contó además con el apoyo de la dirección de la Iglesia Adventista para el territorio del norte y noreste de México.
La llegada de los misioneros internacionales permitió ampliar durante tres semanas el trabajo que los grupos locales han desarrollado mediante años de visita y acompañamiento. Tras la partida de los visitantes, estos grupos continuarán cerca de los habitantes para dar seguimiento a los vínculos y proyectos iniciados.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






