Al investigar, se sigue una ruta que deja huella. Este proceso comienza con una actitud reflexiva ante situaciones cotidianas, que surgen al observar ciertos fenómenos.

La palabra investigación se deriva etimológicamente de los términos del latín in (en, hacia) y vestiguen (huella, pista), de allí su significado "en pos de la huella" o "hacia la pista". Por lo que se puede definir como un proceso encaminado a hallar problemas, formularlos y resolverlos. El ser humano por naturaleza es curioso. Al respecto, el rey Salomón declara: "Dirigí entonces mi atención hacia el conocimiento, el estudio y la investigación de la sabiduría y el razonamiento, para conocer la maldad de la insensatez y el desvarío del error" (Eclesiastés 7:25). Desde su nacimiento, el ser humano trata de descubrir el mundo que le rodea, entender las razones y el por qué de las cosas; a dicha actividad le llamamos investigación.

Al investigar, se sigue una ruta que deja huella. Este proceso comienza con una actitud reflexiva ante situaciones cotidianas, que surgen al observar ciertos fenómenos. El investigador desarrolla así, un sin número de habilidades cognitivas, entre las que destacan la toma de decisiones, la habilidad para buscar información relevante, el pensamiento crítico, el pensamiento creativo y la capacidad para argumentar.

Un beneficio personal para el investigador es que incrementa sus habilidades para la vida, pues aumenta su capacidad para comprender a otros, expresa de manera positiva sus emociones y puede llegar a generar empatía. Otros beneficios se relacionan con las habilidades sociales, ya que la investigación requiere tolerancia, asertividad, interactuar con otros y aprender a negociar.

Dios ha dado al ser humano la capacidad para ser creativo, así como también ha prometido su ayuda como se expresa en Jeremías 33:3: "Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces". Hoy en día, tenemos la oportunidad de innovar, solucionar problemas y brindar oportunidades, respondiendo a las distintas demandas y necesidades propias de la institución, la sociedad y el gobierno.

La innovación puede darse de manera radical o disruptiva. Como su nombre lo indica, sería un cambio como dar un giro en dirección opuesta, o puede surgir de algo inexistente o desconocido. Por otro lado, la innovación puede darse de manera incremental, mediante la mejora continua, que consiste de pequeñas modificaciones de manera gradual.

En cualquier área hay grandes oportunidades para innovar, y es aquí donde intervienen las habilidades innatas. Como dice el texto bíblico: "Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Hay diversidad de actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo(1 Corintios 12:4-6).

¿Hay algún método para comenzar a innovar? En la actualidad existen metodologías, entendidas como un conjunto de procedimientos, técnicas y paradigmas que se aplican de manera ordenada y sistemática; una de ellas es la metodología Design Thinking, que consta de un modelo compuesto por 5 pasos: a) empatizar, b) definir el problema, c) idear, d) crear prototipos y, finalmente, e) evaluar. Si bien, en un inicio, se aplicaba mayormente al diseño industrial, se puede extrapolar a otras áreas como la gestión, los procesos y el diseño de productos o servicios; según sean las necesidades que se presenten en la organización.

Cada uno de nosotros tiene una labor que realizar y nos corresponde estar abiertos a las distintas oportunidades para crear nuevos escenarios. Al intentar dar respuesta a tus interrogantes, estarás creando un camino que dejará una huella para nuevos emprendimientos; lo importante es tener valor y voluntad para avanzar. Y tú, ¿qué huella estás dejando?