Día Mundial del Arte: repensar el arte más allá de la belleza
En un mundo cambiante, el arte refleja la sociedad, cuestiona valores y se interpreta mejor desde una cosmovisión cristiana.
“¿Qué es el arte? ¿Cómo se define? ¿Esto es arte? ¿Qué deseas expresar?” Sin duda, estas son algunas de las preguntas que llegan a nuestra mente cuando pensamos en el arte, creyendo que las respuestas serán contestadas de manera simple o, al contrario, con tanta complejidad que no logramos comprenderlas.
Dejemos de idealizar al arte y al artista, la realidad es que toda pieza u obra artística está compuesta por factores, elementos y componentes técnicos; tales como la línea, la forma, el plano, el color, las texturas, la perspectiva, el volumen, etc… Dichos componentes no son nada más que simples elementos sin atributos artísticos, la unión de ellos de manera creativa, estudiada y fundamentada es lo que transforma una insignificante línea en una “Gran obra maestra”.
Es común leer o escuchar entre los creativos que el “verdadero artista” debe estar en una constante búsqueda, incluso argumentan que siempre debe estar inconforme con lo que sucede en su entorno para crear y producir ideas que se transformarán en obras artísticas.
Nuestro planeta está en constante movimiento de rotación y traslación, la naturaleza está en constante cambio e incluso la sociedad. Cambian los problemas sociales: la economía, los conflictos políticos, las ciudades, los idiomas, las ideas e ideologías; incluso los valores y principios están siendo modificados por el ser humano. El arte es el reflejo de la sociedad, por ello el artista debe estar a la vanguardia de lo que sucede, ya sea que navegue junto con ella o que proteste y revolucione ideas haciendo uso de su creatividad, llevándola a un nivel subjetivo, conceptual, estético, técnico y visual.
Para entender el arte debemos saber que no siempre encontraremos en todas las obras belleza, por ejemplo, “La fuente” de Marcel Duchamp es un urinario de fabricación industrial intervenido por el artista y es considerado como una de las piezas más influyentes del arte moderno. Dicha proeza, provoca en el espectador grandes incógnitas: ¿Esto es arte? ¿Cómo un objeto común puede considerarse una pieza artística? ¿Cuál es el trabajo del artista?
Para comprender esta polémica idea del arte es necesario saber que, a lo largo de la historia, la definición y concepto del arte ha ido cambiando -al igual que el mundo- debido a su entorno y situación social. Cuando Duchamp realizó esta pieza, debemos entender que el mundo entero estaba curando las heridas que había dejado la Segunda Guerra Mundial, misma que provocó la era de la industrialización… ¡vaya que representaba una novedad! Los productos en serie, los materiales industriales y conceptos de una nueva sociedad, provocaron que los lenguajes y manifestaciones artísticas sufrieran cambios radicales, en cuanto a su naturaleza física y conceptual. La necesidad que enfrentaba cada uno de los artistas en esta época, era revolucionar la idea del arte y cuestionar las ideas del pasado ante una sociedad hambrienta de cambios.
Hoy en día, el arte no solamente hace valoraciones estéticas; es decir, no necesariamente una pieza se cataloga como “bonita” o “fea”, sino que cuestiona y dialoga diversos ámbitos de la vida. Para entender una obra de arte es necesario comprender su entorno y contexto, contrastándolo con la luz de la Palabra de Dios, en la cual encontramos diversos valores estéticos, conceptos, principios e ideas que influyen en la producción u observación del ser humano, a lo que llamamos entender el arte bajo la cosmovisión cristiana.
El Gran Maestro, Dios, nos dejó herramientas para representar de diversas maneras y medios nuestras ideas, principios, valores y conceptos a través de técnicas extraordinarias, estructurales y académicas; o bien, de maneras tan simples, experimentales, accidentales y divertidas.






