Conmemorando y celebrando la profesión musical
Cada 22 de noviembre se celebra el Día Internacional del Músico, por lo que en este escrito reflexionamos sobre esta profesión.
La música es un elemento inherente a todo grupo humano. Se puede llegar a conocer de civilizaciones sin escritura pero ¡nunca sin música!, lo cual pone en evidencia el gran potencial colectivo que tiene esta actividad.
En las sociedades contemporáneas la música y su masificación son elementos de lo cotidiano; en cada espacio, ya sea público o privado, se tiene la posibilidad de ejercer el estímulo musical. No solo como elemento de diversión o pasatiempo, sino que actualmente se estudia el estímulo musical para conocer sus efectos en la plasticidad cerebral y auxiliar en el tratamiento de enfermedades a nivel cognitivo.
Pareciera sencillo entender que la música existe, que siempre ha estado allí… que es parte de la especie humana el cantar, el bailar, el responder a sonidos y ritmos; sin embargo, ha resultado aún más difícil comprender que, para estas actividades, se requiere de alguien que las administre, las enseñe y preserve. Ese personaje en cuestión es el músico; los de oficio y los profesionales, los que ejecutan y los que enseñan, los que van de a pie y los que llenan grandes salas. Por ello, es importante reconocer que su aporte va en función de seguir recordándole a la sociedad cuánto bien nos hace agruparnos musicalmente.
Cada 22 de noviembre se celebra y conmemora la labor de hombres y mujeres que se han dedicado a la música, como lo hiciera -según reza la leyenda- Santa Cecilia, quien es el personaje que inspira la celebración en esta fecha; ya sea por cuestiones de tradiciones o por el reconocimiento social que se merece esta profesión, la fecha ofrece un momento interesante para reflexionar sobre esta actividad.
En México existen alrededor de 80 universidades en donde se ofrece la formación profesional de músico en sus diferentes dimensiones, ya sea como ejecutante, atrilista, educador o investigador; además de un gran número de academias particulares que ofrecen servicios de enseñanza musical, principalmente a públicos infantiles, e institutos nacionales (como el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura) que también ofrecen este tipo de formación.
Espacios de aprendizaje existen, sin embargo, debido a los paradigmas tecnicistas que fomentan un prestigio social a otras profesiones o los razonamientos prejuiciados que le restan seriedad a la profesión de músico, hacen que quienes sientan el deseo de encaminarse en estas actividades, tengan que lidiar con apelaciones a reconsiderar su decisión. Este desprestigio sistemático ha generado que laboralmente las luchas de los músicos profesionales sean constantes o que su función social, como generadora de bienestar, no logre “cuajar” de una vez por todas ante la falta de recursos y personal capacitado.
El atravesar por la pandemia del COVID también representó un duro golpe para la música y las artes, al cerrar los espacios y prohibir las reuniones; a contrapunto de esto se hizo más notorio el gran salvavidas que representaba la música al intervenir en los cuadros de ansiedad y estrés que esta situación mundial ha generado. Miles de videos de cantos y muestras de apoyo musical inundaban la red mostrando que el ser humano recurre a las artes como un elemento de alta expresión espiritual.
El sistema educativo adventista en México tiene el privilegio de ofrecer una Escuela de Música para formar profesionalmente a educadores que estén deseosos de contribuir a sus comunidades desde el fomento musical y el desarrollo del potencial humano. Estos profesionistas se incorporan principalmente a las escuelas de formación básica y algunos se aventuran a instituir sus propias academias para generar un mayor impacto; cualquiera de estos caminos es arriesgado, ya que aspirar a una vida digna -desde las artes- es un “deporte extremo” en el país, sin embargo, los avances siguen dándose y las profesiones siguen adaptándose a los cambios revolucionarios que los tiempos actuales exigen.
Si conoces o eres un músico profesional, de herencia o de academia, recibe las felicitaciones abundantes por parte de este espacio y también gratitud por seguir manteniendo viva una tradición ancestral que nos recuerda nuestro origen divino. La música nos conecta y no solo entre nosotros, sino también con aquella dimensión espiritual que nos inspira a ser solidarios unos con otros.






