Ana María empieza a reconstruir su vida tras años de enfermedad y soledad
El acompañamiento de estudiantes de la Universidad de Montemorelos mediante el servicio comunitario impulsa su recuperación física, emocional y espiritual.
La depresión y el aislamiento marcaron durante años la vida de Ana María Correa, una mujer de 60 años que sobrevivió a dos infartos, a la amputación de ambas piernas y a un matrimonio marcado por la violencia que terminó en un difícil divorcio. Hoy, su historia refleja el impacto del servicio comunitario universitario en contextos de vulnerabilidad, gracias al acompañamiento constante de estudiantes de la Universidad de Montemorelos a través del programa “Salud en Casa”.
Desde hace dos años, diversos grupos de estudiantes del área de la salud visitan cada semana a Ana María quién vive en la colonia Martínez Domínguez, donde le brindan despensas, atención médica básica, apoyo emocional y acompañamiento espiritual. “Estos muchachos me ayudaron a salir del pozo donde estaba por mi depresión… oramos, leemos la Biblia, me ayudan en mi casa; gracias a ellos he entendido que todavía valgo”, relató Ana María, quien asegura que su salud física y emocional ha mejorado notablemente desde que forma parte del programa.

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Con terapias, acompañamiento emocional y ayuda social, la Universidad de Montemorelos ha sido clave en la recuperación de Aarón tras un coma y años de inmovilidad.
Para el Dr. Blas J. Cabrera, docente responsable del grupo de servicio comunitario en la Facultad de Ciencias de la Salud, estas experiencias permiten a los futuros profesionales comprender la realidad de sus pacientes fuera del entorno hospitalario. “Visitar a una familia les da un contexto muy valioso. Comen con ellos, escuchan sus historias y se preparan para atender con humildad y sencillez”. Añadió que este enfoque responde a una formación médica centrada en la empatía y el contacto directo con las comunidades.
El impacto también alcanza a los estudiantes que van cada semana a realizar estas visitas. Kevin Vazquez, alumno de sexto semestre de Médico Cirujano, destacó que el apoyo psicológico ha sido clave en la recuperación de la beneficiaria. Recordó que cuando comenzaron las visitas ella atravesaba un estado severo de depresión y aislamiento, incluso con pensamientos suicidas, situación que mejoró gradualmente con el acompañamiento del equipo. “Nos ha abierto la mente para ver necesidades mucho mayores que las nuestras y entender que debemos atender a las personas de manera integral”.
Según el Dr. Roel Cea, coordinador de Servicio Comunitario de la Universidad, el programa “Salud en Casa” forma parte de las iniciativas de servicio comunitario de la universidad orientadas a la promoción de la salud y la solidaridad social, combinando aprendizaje académico con intervención directa en la comunidad. Señaló además que, mediante este servicio, la universidad continúa impactando de manera significativa la vida de personas en situación de vulnerabilidad, como en el caso de Ana María, cuya experiencia demuestra que una atención integral —médica, psicológica, social y espiritual— puede mejorar la calidad de vida frente a condiciones complejas de salud y soledad.
Para Ana María el resultado es evidente cuando declara: “Gracias a Dios por poner a estos jóvenes en mi camino”.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






