Aarón volvió a levantarse: 10 semestres de esperanza y apoyo universitario
Con terapias, acompañamiento emocional y ayuda social, la Universidad de Montemorelos ha sido clave en la recuperación de Aarón tras un coma y años de inmovilidad.
“Los doctores me dijeron que iba a quedar en estado vegetal… pero hoy puedo moverme, bañarme, calentar mi comida y vivir con independencia”, cuenta Aarón Salinas, con la serenidad de quien ha recorrido un largo y doloroso camino, pero lleno de esperanza. Su historia no solo es testimonio de resiliencia, también es reflejo de una institución que no lo ha soltado de la mano.
En 2014, un acto violento lo dejó en coma durante varias semanas y, tras despertar, con graves secuelas físicas y neurológicas. Desde entonces, su vida cambió radicalmente. Sin embargo, en 2022 encontró un nuevo impulso cuando la Universidad de Montemorelos, a través de su unidad Universidad Promotora de la Salud, conoció su caso y decidió involucrarse. Desde aquel día, Aarón ha recibido atención ininterrumpida durante diez semestres, mediante el trabajo colaborativo de estudiantes y docentes de Medicina, Psicología y Terapia Física.

Una visita que cambió mi diagnóstico | Conéctate UM
La atención del programa Salud en Casa le ha devuelto la movilidad y otras funciones a Aarón, un hombre de escasos recursos y muchas necesidades.
Cada semana, equipos de alumnos visitan su hogar en la colonia Martínez Domínguez. Al principio, lo ayudaban a levantarse de la cama, a cambiarse, a asearse y a realizar ejercicios físicos básicos. Su cuerpo, inmóvil por años, poco a poco empezó a responder. Movimientos que parecían imposibles, como doblar una pierna o hacer el ejercicio del puente, hoy son parte de su rutina. Aarón camina con apoyo, se traslada con seguridad dentro de su casa, y lo más importante es que ha recuperado su autonomía y dignidad.
Este semestre, el acompañamiento se intensificó. Alumnos del área de la salud que llevan la materia de Servicio Comunitario continuaron con las terapias físicas, pero también dieron seguimiento a trámites sociales clave, como la recuperación de su tarjeta de discapacidad, que había sido cancelada por falta de documentación. Tras recopilar papeles, gestionar citas y acudir a las instancias correspondientes, lograron reactivar este beneficio fundamental para él.
También se atendieron aspectos del entorno que facilitan su movilidad y seguridad: se colocó una tapa de concreto sobre el desagüe para prevenir caídas, se instalaron barras y mancuernas que le permiten ejercitarse desde casa, y se organizaron despensas semanales para garantizar su alimentación. Además, los alumnos de Psicología brindaron contención emocional ante la tristeza profunda que Aarón experimentaba tras la muerte reciente de sus padres, ayudándolo a gestionar su duelo y fortalecer su motivación.
Detrás de cada paso, su hermana María del Carmen ha sido una figura indispensable, quien ha estado a su lado desde el incidente. Con recursos limitados y el corazón dispuesto, ha sido su cuidadora, su compañía constante y su voz en medio de tantas gestiones. El apoyo que recibe por parte de la Universidad no solo ha transformado la vida de Aarón, también le ha dado a ella un respiro, la certeza de que no está sola y que hay un equipo comprometido velando por el bienestar de su hermano. “Han sido un verdadero apoyo para nosotros como familia. Desde la primera vez que vinieron, sentimos que venían con disposición para ayudarnos. Y la forma como nos han acompañado es especial, en cada visita se quedaban a platicar, oraban con él, lo hacían reír. Le devolvieron esa chispa en la mirada que hacía tiempo no veíamos. Ahora ha cambiado su actitud, se levanta más motivado y tiene más ganas de seguir adelante”.
Luis Martelo, uno de los alumnos de Medicina que trabajó con Aarón este semestre, expresó: “Al principio no sabíamos cómo hablarle, éramos tímidos, pero poco a poco se volvió un amigo, alguien que nos enseñó más de lo que nosotros podíamos darle”. Esa conexión humana ha sido uno de los sellos del proyecto: formar profesionales que no solo atiendan síntomas, sino que acompañen procesos de vida. “Esta materia (Servicio Comunitario) no debería desaparecer nunca, nos enseña a ser profesionales con corazón. Poner en práctica el método de Jesús, ganar la confianza de las personas, atender sus necesidades, y después mostrarles el camino a Jesús… eso es ser misionero en la vida real”, afirmó.
Aarón Salinas avanza, su recuperación continúa paso a paso, impulsada por el acompañamiento constante de la UM, que durante diez semestres ha hecho de su bienestar una prioridad. Mientras muchas historias similares caen en el olvido, la universidad, por medio de sus profesionales misioneros ha decidido acompañar, cuidar y actuar.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






