Universidad de Montemorelos inicia el ciclo escolar con estudiantes de 44 países
El reencuentro de 2006 estudiantes marca el comienzo del curso 2026-2027 con un llamado a unir fe, excelencia académica, integridad y servicio.
Después de un verano que los llevó por distintos lugares, los estudiantes de la Universidad de Montemorelos (UM) volvieron a reunirse en el campus para comenzar el ciclo escolar 2026-2027. Para muchos, el encuentro significó regresar a las aulas, abrazar nuevamente a sus amigos y continuar una historia ya iniciada; para otros, representó el primer día lejos de casa y el comienzo de una etapa completamente nueva.
El culto de apertura, realizado el martes 11 de agosto, fue una oportunidad para agradecer a Dios por cuidar a cada estudiante durante sus recorridos y permitirle llegar a Montemorelos. Detrás de cada regreso hay viajes, decisiones, sacrificios familiares, esfuerzos financieros y oraciones. Ese esfuerzo compartido compromete a la comunidad universitaria a ofrecer una formación y un servicio excelentes, con la convicción de que estudiantes, padres, docentes y personal avanzan juntos en este camino.
La UM inició el curso con 2,006 estudiantes presenciales procedentes de 44 países. Esta diversidad reúne en Montemorelos historias, culturas y experiencias de distintas partes de México y del mundo, enriqueciendo la vida académica y comunitaria de la institución. A ellos se suman 323 estudiantes que cursan sus programas en modalidad virtual o que, después de haber participado en actividades presenciales durante el verano, continúan sus estudios a distancia. En total, la matrícula asciende a 2329 estudiantes.
Durante su mensaje, el Mtro. José Luis Olmos, rector de la UM, invitó a dedicar a Dios el nuevo curso escolar. Recordó que existen circunstancias fuera del control humano que pueden generar incertidumbre y estrés, pero aseguró a los estudiantes que no tienen que enfrentarlas solos.
Olmos relató que, mientras recorría el campus durante los días previos, uno de los jóvenes le expresó que estudiar en Montemorelos era un sueño que Dios le había cumplido. El rector señaló que ese sueño no pertenece únicamente al estudiante, sino también a sus padres, sus maestros y quienes trabajan para hacer posible su preparación.
“Cuando alguien llega a esta universidad, se cumplen muchos sueños”, afirmó. Añadió que cada comienzo representa un giro en la vida de quienes llegan desde diferentes lugares del mundo y que muchas familias han presenciado verdaderos milagros para que sus hijos puedan estudiar en la institución.
También enfatizó que la experiencia universitaria no debe limitarse a obtener un título o desarrollar capacidades profesionales. “Venir a esta universidad es más que alcanzar una excelencia académica, porque también vas a recibir apoyo para formar un espíritu que tenga la misión, un espíritu de servicio”, expresó.
A partir de la historia bíblica de José, quien dejó su hogar a los 17 años y enfrentó una cultura distinta en Egipto, Olmos presentó tres principios para acompañar a la comunidad durante el nuevo curso.
El primero fue reconocer que la presencia de Dios no es opcional en la vida académica ni cotidiana. Explicó que esa presencia no debe limitarse al templo o a los momentos devocionales, sino acompañar a los estudiantes en la biblioteca, los salones de clases, los laboratorios, el hospital, los departamentos de trabajo, las residencias y los espacios deportivos.
“El crecimiento espiritual y la excelencia académica no pueden vivir de manera separada”, aseguró. Para los docentes y el personal, añadió, la vocación universitaria va más allá de transmitir contenidos rigurosos, pues implica convertirse en canales mediante los cuales los estudiantes puedan reconocer la presencia de Dios.
El segundo principio fue la integridad. Al recordar la decisión de José de mantenerse fiel aun cuando enfrentó presión, injusticia y adversidad, Olmos advirtió sobre los atajos que pueden presentarse durante la formación profesional, particularmente el fraude y el plagio académico.
“La integridad no es negociable”, reiteró. Señaló que el verdadero éxito universitario no se mide solamente por el promedio acumulado, sino por la solidez del carácter que se construye incluso cuando nadie está observando.
Como tercer principio, destacó que la educación adventista prepara para servir y transformar el mundo. La formación de José, explicó, lo capacitó para responder cuando Egipto enfrentó una grave crisis. “Dios no envió una intervención mística directa en ese momento. Envió a un joven preparado, a un joven disciplinado, a un joven competente y lleno del Espíritu Santo”, afirmó.
Olmos invitó a los estudiantes a considerar cada clase, madrugada de estudio, oración y dificultad como parte de una preparación mayor. Las crisis futuras, aseguró, necesitarán personas capaces de ejercer liderazgo, resolver problemas y servir con competencia, disciplina y sensibilidad espiritual.
Al concluir, convocó a la comunidad universitaria a buscar la presencia de Dios, conservar la integridad en sus decisiones y comprender que su preparación profesional tiene como propósito el servicio y la transformación de vidas.
Por su parte, la Dra. Judith Ayala, vicerrectora académica, reconoció el trabajo de los profesores y del personal de apoyo que acompañarán a los estudiantes durante el nuevo curso. Destacó la preparación del cuerpo docente para impartir clases de alta calidad y formar profesionales de excelencia capaces de servir en diferentes lugares del mundo.
Ayala señaló que detrás de cada programa, clase y servicio existe un equipo que trabaja para responder a las necesidades de los alumnos. Desde los docentes hasta quienes colaboran en las áreas financieras, administrativas y de vigilancia, cada integrante cumple una función necesaria para sostener la experiencia universitaria.
La vicerrectora agradeció al personal por aceptar el desafío de transformar vidas y subrayó que la excelencia ofrecida a los estudiantes es una responsabilidad compartida por toda la comunidad institucional.
La Dra. Faye Patterson, directora de Educación de la División Interamericana, sede administrativa de la Iglesia Adventista del Séptimo Día para el territorio que comprende México, Centroamérica, el Caribe, Colombia y Venezuela, también dio la bienvenida a los estudiantes, docentes, personal y administradores. Basada en la experiencia bíblica de Josué, los animó a avanzar con valentía frente a las barreras académicas, emocionales o financieras que puedan surgir durante el año.
“No porque el camino vaya a ser fácil, sino porque Dios —el mismo Dios que estuvo con Moisés, que estuvo con Josué y que ha sostenido a esta universidad desde 1942— promete estar con cada uno de ustedes dondequiera que vayan este año”, expresó.
Finalmente, Ayala declaró formalmente inaugurado el ciclo escolar 2026-2027 e invitó a la comunidad a hacer historia en la educación adventista, transformar vidas y continuar compartiendo la misión encomendada a la institución.
Así comenzó un nuevo trayecto para la comunidad estudiantil de la UM. Un camino integrado por quienes llegan por primera vez, quienes regresan para continuar y quienes avanzan a la distancia, acompañados por una comunidad comprometida con la excelencia. Todos con historias distintas, pero con la certeza de que no caminan solos.






