José Luis Olmos asume la rectoría de la UM y pide que la misión se viva cada día
Al frente de la Universidad de Montemorelos, el nuevo rector llamó a que el propósito institucional se refleje en el trabajo diario de cada colaborador, desde la enseñanza hasta el mantenimiento.
El miércoles 15 de julio, en su primer mensaje como rector, el Mtro. José Luis Olmos le recordó a la comunidad de la Universidad de Montemorelos que la misión que la sostiene se vive en lo que cada persona hace cada día.
"La educación se trata de tocar corazones. La educación se trata de cambiar personas", dijo, resumiendo en una frase lo que, según explicó, constituye la razón de ser de una institución educativa cristiana.
Olmos agradeció la oportunidad de servir y reconoció el peso del cargo, una responsabilidad, afirmó, delante de Dios, de la Iglesia y de las familias que confían la formación de sus hijos a la Universidad. "Es Dios quien dirige a su iglesia y es Dios quien dirige sus instituciones", señaló, atribuyendo el crecimiento de la UM a la dirección divina y al trabajo de quienes la construyeron a lo largo de su historia.
Una misión que se reparte entre todos
El nuevo rector insistió en una idea que recorrió todo su mensaje. Cumplir la misión es tarea de cada integrante de la comunidad, desde su propia función. Enseñar, investigar, atender a los estudiantes, cuidar la seguridad o mantener los edificios, todas esas labores, dijo, sostienen el ambiente en el que se forman los alumnos.
Recordó que el modelo educativo de la UM une conocimiento, investigación y servicio con formación espiritual. Investigar, planteó, también es una forma de servir, porque las capacidades recibidas de Dios existen para responder mejor a las necesidades de las personas. Y añadió que el impacto de la Universidad depende de la preparación académica de su gente y también de sus hábitos, principios y testimonio, por la influencia que ejercen sobre los estudiantes.
Tres compromisos y una pregunta
Olmos propuso tres compromisos concretos. El primero, trabajar con excelencia, porque honra a Dios y responde a la confianza de las familias. El segundo, servir con amor, de modo que cada encuentro —con un estudiante, un compañero o un visitante— revele el carácter cristiano de la institución. Y el tercero, caminar unidos. Una misión tan amplia, dijo, exige confianza, respeto y colaboración, porque nadie la alcanza solo.
Se comprometió también a escuchar a la comunidad, valorar el trabajo de cada colaborador y mantener las decisiones alineadas con los propósitos que la Universidad ha establecido.
Al cerrar, dejó una pregunta para el día a día. "¿Lo que estoy haciendo hoy está contribuyendo a lograr la misión de esta Universidad?". Cuando la respuesta no sea clara, sugirió, siempre se puede pedir a Dios que renueve el propósito por el cual cada persona fue llamada a servir. El mensaje terminó en oración, y con él, comenzó una nueva etapa para la UM.






