Cada año, nuestro campus se perfuma durante varias semanas de un olor fino, cítrico y dulce a la vez; a veces apenas se percibe. Es como un aromatizante ligero que está por todos lados, exclusivo de finales de febrero y marzo, cuando la flor de la naranja empieza a florecer en los 17,000 árboles de cítricos que tenemos en nuestra finca.

Pero ese agradable olor es apenas uno de los muchos beneficios que tenemos en la Universidad de Montemorelos al contar con 70 hectáreas de siembra. Expertos dicen que trabajar la tierra desarrolla habilidades motrices, promueve el trabajo en equipo, enseña el valor del esfuerzo y ayuda a comprender conceptos que alguna vez leímos sobre las ciencias naturales, matemáticas, geografía e incluso economía.

Desde 1973, esta universidad consideró importante tener un espacio de tierra que pudiera proveer alimento; sin embargo, las diversas ventajas que tiene el trabajar la tierra solo la disfrutaban unos cuántos; aquéllos que tenían esa labor como su ocupación principal. Por eso, desde el año 2000 se incorporó el trabajo en la tierra como una parte esencial del modelo educativo y es así como todos los estudiantes de cualquier carrera tienen la oportunidad de experimentar -por lo menos durante un semestre- el trabajo de la siembra, el cultivo y la cosecha, así como el contacto más cercano con la naturaleza.

De las 70 hectáreas de siembra 61 son dedicadas a cítricos, proveyendo anualmente entre 800 y 900 toneladas de naranjas y mandarinas. Las otras 9 hectáreas se aprovechan en el cultivo de hortalizas como calabaza, repollo, espinaca, brócoli, cilantro, acelga y espinaca; contribuyendo con vitaminas, minerales y antioxidantes de alta calidad a quienes disfrutan comidas en el comedor y el snack universitario. Además, se venden a empacadoras de la región citrícola así como de la ciudad de Monterrey, e incluso una parte de estos productos se utilizan para el mercado de exportación.

El trabajo físico que demanda la tierra es una forma excelente de ejercicio y, por lo mismo, reduce la ansiedad y el estrés. No en vano fue uno de los primeros trabajos que Dios le dio al hombre “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase” (Génesis 2:15).

Lejos de los prejuicios que algunos puedan tener sobre el privilegio de labrar la tierra, tan sólo 9 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible que propone la Organización de las Naciones Unidas para tener un mundo mejor, tienen entre sus estrategias trabajar la tierra; por lo que es un excelente momento para empezar a valorar el gran tesoro que tenemos en nuestro departamento verde.