Alumnas de Medicina de la Universidad de Montemorelos desarrollan propuesta para regeneración ósea
El proyecto de diseño computacional obtuvo el segundo lugar en Expo Ciencias Nuevo León 2026 y fue acreditado para participar en ExpoCiencias Nacional en un encuentro internacional en Kuwait en 2027.
Tres alumnas de la Licenciatura en Médico Cirujano de la Universidad de Montemorelos obtuvieron el segundo lugar en ExpoCiencias Nuevo León 2026 con una propuesta de diseño computacional orientada a la regeneración del tejido óseo. El resultado les permitió acreditar su participación en ExpoCiencias Nacional y recibir una acreditación internacional para presentar el proyecto en Kuwait en 2027.
Amy Chay, estudiante de tercer año; Mariana Pedrero, de quinto año, y Paola Solís, alumna de sexto año que actualmente realiza su internado médico, representaron al equipo durante el encuentro celebrado el 27 y 28 de agosto en la Universidad de Monterrey.
El proyecto, desarrollado conjuntamente por la Universidad de Montemorelos, el Hospital General de Montemorelos, Misión Educativa MX y el Hospital Infantil de México Federico Gómez, lleva por título “Diseño computacional de un adhesivo óseo bioactivo mediante péptidos marinos y fitometabolitos de Calophyllum brasiliense como mecanomiméticos para regeneración ósea” y forma parte de la línea de investigación OMITL-BIO.
La propuesta explora, mediante herramientas computacionales y bioinformáticas, distintas moléculas con potencial para incorporarse a un adhesivo óseo bioactivo. Además de contribuir a la unión del tejido, el material buscaría imitar estímulos mecánicos relacionados con la formación de hueso y favorecer procesos de regeneración.
En su etapa actual, el proyecto constituye un diseño computacional que deberá avanzar posteriormente hacia fases experimentales. Su posible aplicación se estudia tanto para condiciones terrestres como para ambientes de microgravedad, dentro de áreas como la medicina regenerativa y aeroespacial.
Una pregunta científica que reunió distintas disciplinas
La Dra. Hilda B. Gómez, jefa del Departamento de Investigación del Hospital General de Montemorelos e investigadora vinculada con Misión Educativa MX, participó como asesora científica externa. Explicó que la propuesta surgió ante la necesidad de encontrar nuevas alternativas para atender fracturas y defectos óseos en los que la capacidad natural de regeneración resulta insuficiente.
A partir de la revisión de literatura científica, el equipo se preguntó si era posible diseñar un material que no solamente funcionara como adhesivo, sino que también incorporara componentes bioactivos capaces de interactuar con los mecanismos de regeneración ósea.
“Buscamos integrar conocimientos de medicina, biología molecular, bioinformática, biomateriales y regeneración ósea dentro de una propuesta innovadora con posibilidades de continuar hacia etapas experimentales posteriores”, explicó la investigadora.
El proyecto creció mediante la colaboración entre instituciones y especialistas de diferentes disciplinas. La Dra. Gómez Robledo acompañó a las estudiantes en la conceptualización científica, la revisión de literatura y la comprensión de los fundamentos biológicos y moleculares de la propuesta. También participó en la interpretación y comunicación de los resultados y en la vinculación con investigadores que pueden fortalecer las siguientes etapas.
Por parte del Hospital Infantil de México Federico Gómez, el equipo contó con la asesoría científica externa del Dr. Óscar Medina. En la Universidad de Montemorelos, el Dr. Benjamín Ramírez, docente y responsable del Departamento de Investigación de la Licenciatura en Médico Cirujano, dio seguimiento al trabajo y a la vinculación con el Hospital General de Montemorelos.
Durante el proceso, el equipo de la UM también integró su perspectiva de la fe con la búsqueda científica. El Dr. Ramírez explicó que, desde el inicio de la colaboración, el equipo puso en oración las reuniones, los planes y las decisiones relacionadas con el proyecto, buscando la dirección de Dios durante cada etapa y que las estudiantes comprendieran la ciencia como un medio para buscar la verdad y poner sus capacidades al servicio de los demás.
“Creemos y estamos inculcando a los estudiantes que Dios es el creador de la ciencia”, señaló. Desde esta perspectiva, añadió, la investigación permite que los alumnos desarrollen sus capacidades, busquen la verdad y utilicen sus conocimientos para representar sus principios en escenarios nacionales e internacionales.
De aprender conceptos a generar conocimiento
Para Amy Chay, el acercamiento al proyecto comenzó después de asistir a una serie de conferencias impartidas en la Universidad de Montemorelos por la Dra. Gómez. Allí conoció los desafíos que enfrenta el cuerpo humano en condiciones de microgravedad y la investigación relacionada con la pérdida de tejido óseo en el espacio.
Su interés previo por la medicina aeroespacial la llevó a acercarse al equipo y solicitar más información. Posteriormente, participó en la búsqueda y el análisis de literatura científica, la elaboración del protocolo, la preparación del cartel y del video de evaluación, así como en la exposición y defensa de la propuesta ante el jurado.
Uno de los principales desafíos para las alumnas fue familiarizarse con conceptos que habitualmente se estudian en etapas académicas más avanzadas. Aunque la carrera aborda la investigación clínica y epidemiológica, el diseño computacional de moléculas y péptidos requirió que profundizaran en campos como la bioinformática, la mecanobiología y la biología molecular.
“Al principio, muchos términos parecían demasiado complejos. El trabajo consistió en irlos desglosando y relacionándolos con preguntas concretas: ¿qué queremos que haga nuestro adhesivo?, ¿con qué moléculas podría interactuar?, ¿cómo podemos estudiarlo antes de pasar a un laboratorio?”, señaló la Dra. Gómez.
El equipo también trabajó en la capacidad de explicar una investigación especializada de manera comprensible, interpretar gráficas y resultados y responder las preguntas de los evaluadores. Para el Dr. Ramírez, la soltura con la que las estudiantes presentaron y defendieron el proyecto permitió observar su crecimiento personal y académico.
La experiencia, indicó Amy, le ayudó a comprender con mayor claridad el proceso que sigue una investigación desde el planteamiento inicial hasta su presentación ante un jurado. También fortaleció sus habilidades de comunicación científica, pensamiento crítico, resolución de problemas y trabajo colaborativo.
“Obtener el segundo lugar fue muy satisfactorio porque representa el esfuerzo, la dedicación y el trabajo en equipo que hubo detrás del proyecto”, expresó. “Este reconocimiento me motiva a seguir esforzándome y me recuerda que las oportunidades llegan cuando uno está dispuesto a aprender, trabajar y asumir nuevos desafíos”.
Una investigación con proyección internacional
La acreditación para presentar el proyecto en Kuwait representa para las estudiantes la oportunidad de compartir su trabajo, conocer propuestas desarrolladas en otros países y recibir retroalimentación que contribuya a las siguientes etapas de la investigación.
Para Amy, quien viajaría por primera vez fuera de México, la experiencia también supone el reto de continuar su preparación académica, fortalecer su dominio del inglés y acercarse a campos de interés profesional como la investigación y la medicina aeroespacial.
La Dra. Gómez considera que el reconocimiento trasciende el resultado de una competencia, pues permite a las estudiantes reconocerse como participantes activas en la construcción de conocimiento.
“Cuando un estudiante deja de verse únicamente como receptor de información y comienza a hacerse preguntas, proponer hipótesis y buscar respuestas utilizando el método científico, ocurre una transformación muy importante en su formación”.
Las alumnas continuarán preparándose para representar a la UM y a México en los espacios nacionales e internacionales para los que el proyecto fue acreditado, mientras fortalecen una propuesta que aún deberá avanzar del análisis computacional a su validación experimental.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






