Hoy 21 de septiembre, se celebra el Día Internacional de la Paz. La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró esta fecha como el día dedicado al fortalecimiento de los ideales de paz en todo el mundo.


Qué importante es reflexionar acerca de la paz y tener una idea, por lo menos general, de lo que esto significa, pues el concepto que se tenga al respecto te acercará o alejará de ella. La idea básica que se comparte en este breve ensayo es que la paz no se obtiene ni de dentro ni de fuera del ser humano, sino que, más bien, viene de “arriba”. Esto no es sólo un juego de palabras para llamar tu atención, sino que te lo explicaré a continuación:

La paz no viene de dentro:

Partiendo de una cosmovisión bíblica cristiana, la paz no puede venir de dentro del ser humano, pues el texto deja ver algunas realidades que eliminan esta posibilidad. El apóstol Pablo afirma que en el interior del hombre hay una lucha constante, poderosa e inevitable (Romanos 7:15–19) que induce a hacer lo malo aun sin desearlo, y que esa lucha la libra cada ser humano (Romanos 3:23); por su parte, el profeta Isaías comenta al respecto que el ser humano no es sino “hinchazón” y “podrida llaga” desde la cabeza hasta los pies” (Isaías 1:6), esto es producto de la naturaleza pecaminosa que es parte de la esencia de la humanidad, de la cual el profeta Ezequiel dice que el alma que pecare esa morirá (Ezequiel 18:1,4) lo cual concuerda con el mismo pensamiento paulino de que la paga del pecado es la muerte (Romanos 6:23). El apóstol Santiago, por su parte, afirma que es del interior del hombre de donde vienen los malos pensamientos y las concupiscencias que llevan a la persona a pecar (Santiago 1:13,14). Dicho lo anterior, se elimina toda posibilidad de obtener la paz de dentro de la persona, pues estos conflictos -y las consecuencias de la vida de pecado- más bien producen ansiedad, temor, angustia y desasosiego.

La paz no viene de afuera:

En esta parte se puede decir que la paz no es producto de acuerdos políticos, decretos gubernamentales, ni aún de las mejores decisiones de personas honorables y amables en el entorno de quien la busca. Esto es así porque lo más que se logra con estos recursos es la cesación de la guerra o de los conflictos, pero esto no es esencialmente la paz, sino treguas pactadas con inexorables y advertidas -aunque no necesariamente definidas- fechas de vencimiento.

Como lo sugiere Daniel 2, la historia mundial es una secuencia de poderes en turno, luchando por prevalecer el mayor tiempo posible. Las leyes que regulan la convivencia humana en diversas sociedades y épocas, suscriben el adyacente supuesto de que las relaciones humanas personales y colectivas son un desafío constante a la paz y la concordia. Incluso el texto bíblico afirma que cuando se diga y se suponga “paz y seguridad” es cuando realmente vendrá destrucción repentina (1 Tesalonicenses 5:3).

La paz viene de arriba

Es apenas cuando se reconoce la procedencia de la paz verdadera, cuando se es candidato a disfrutarla.

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27), esto solo podía decirlo quien es el “Príncipe de paz” (Isaías 9:6).

Vale la pena unirse al consejo en Job 22:21 que dice: “Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; Y por ello te vendrá bien”. Así como a lo dicho por el salmista en Salmos 4:8 “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado”.

Dios es quien da la paz (Salmos 29:11; Isaías 26:12; Juan 16:33), la paz viene como resultado de guardar la ley de Jehová (Salmos 119:165) y de tener el Espíritu de Dios (Gálatas 5:22); longevidad, salud y paz viene de andar en los caminos del Señor (Proverbios 3:2), no hay paz para quien busca el mal (Isaías 48:22; 57:21), Dios quiere que tengamos paz (Jeremías 29:11).

Al celebrar el día de la paz, es importante recordar qué es, o mejor dicho, QUIÉN es la Paz.